¿Realmente necesitamos un popote?

Una campaña en México ha comenzado un movimiento, basado en una nueva resolución: Deshacerse de uno de los accesorios más identificables del negocio de “Alimentos y Bebidas”, es decir el popote.

Para muchos de nosotros, el popote es únicamente una pequeña herramienta auxiliar para consumir bebidas; sin embargo, al momento de desecharlo, el riesgo de contaminación que inflicta sobre el ecosistema es muy alto. En México, el 95% de los popotes consumidos no son reciclados, cada uno tarda al menos 100 años en degradarse y ni siquiera en su totalidad. Restaurantes en México han optado por no usarlos en conciencia y preservación del medio ambiente.

“#SomosAntiPopote” es el nombre del movimiento, y las restauranteras Lilian Garín y Laura Vergara han dejado de ofrecer popotes en su restaurante de chilaquiles Hijos del Maíz, quienes han impreso en su menú un mensaje para informar a sus clientes sobre “#Antipopotes”, causa iniciada por la periodista gastronómica Una Pérez Ruiz y recientemente impulsado por Grupo Pangea, del chef Guillermo González Beristain.

“#SomosAntipopote ¿Realmente necesitas uno? Por favor, ayúdanos a deshacernos de este invento contaminante y muchas veces inútil” es lo que se puede leer en el mensaje impreso de su menú.

México no es el único quien se ha unido a la lucha; Milo Cress, un niño de 9 años comenzó su movimiento Straw Free hace 5 años en Estados Unidos. Empezó proponiéndole a los restauranteros que preguntaran a sus clientes si querían popote con su bebida, en vez de entregarlo por default. De esta forma se fue reduciendo poco a poco cantidad enorme de basura popotera. Después llevó su iniciativa ante el Comité de Recursos Naturales y Energía de Vermont y luego ante el gobernador Shumlin, buscando apoyo y exposición nacional.

El Reino Unido también participó con su propia idea. El restaurantero Jamie Poulton, propietario de Randall & Aubin, inició la campaña permanente Straw Wars e invitó a dueños de restaurantes, bares y hoteles a unirse. La dinámica consistió en dejar de ofrecer popotes en su totalidad y entregar uno biodegradable sólo si el cliente lo pedía.

Persuadir a la audiencia ha sido ventajoso gracias a los diversos movimientos de conciencia ambiental, asegura Una Pérez Ruiz:

“Aquí vienen muchos jóvenes que quizás no entienden a profundidad el problema pero lo hacen por toda esta revolución verde que está de moda. En cambio hay gente que por más que le expliquemos la importancia de evitar estos materiales, a fuerza quiere su popote y lo peor es que es solo lo usa como agitador”.

Una persona utiliza, en promedio, 38 mil popotes durante toda su vida; el 97 por ciento de esa cantidad es responsabilidad de los centros de consumo. Nuestro granito de arena hará la diferencia si también optamos por evitar el uso de popotes.

Si cuidamos nuestro medio ambiente, protegemos a México como destino líder para millones de turistas de todo el mundo.

Fuente: mexiconewsnetwork.com