El amor empieza por la vista. Un día cualquiera entran a la retina colores y formas acumulados en los anaqueles de un súper, en la mesa de un mercado, sobre un mantel. Después viene el tacto; texturas lisas, duras o arrugadas recorren elegantemente los dedos. Luego aparece el olfato y el gusto y es entonces cuando descubrimos la magnificencia de las frutas.

Sin duda, las frutas son pequeñas obras de arte que nos dejó la naturaleza. Son hermosas, saben bien, son muy nutritivas y además muchas ellas (las más ricas) son endémicas de México. Lo aztecas las llamaban tzapotl y las usaban para varias cosas, entre otras cosas, para decorar sus altares religiosos y para aliviar enfermedades; el capulín para mejorar la visión o la guanábana para remediar males hepáticos.

Cuando los españoles llegaron al país, se maravillaron por la enorme variedad de frutas que encontraron. Algunos cronistas de la época redactaron artículos en los que alababan el sabor, el color el uso que se le daba a los frutos en estas tierras. De hecho, Hernán Cortés en sus famosas cartas dedicó un capítulo a las frutas que encontró en el Mercado de Tlatelolco. Puso especial enfásis en el Zapote.

frutas
Desde ese entonces hasta nuestros días , gracias a México -y a sus abundancias­- el mundo conoce: el zapote, el tejocote, la jícama o el aguacate, por sólo mencionar unos cuantos frutos. Pero además, el clima y la ubicación de esta nación hacen que aquí toda la fruta (originaria o de otros países) sepa a gloria.

En honor a lo anterior, hace unas semanas el connotado portal turístico transitionsabroad.com, le rindió un curioso homenaje a México con un artículo titulado: Explorando la fruta exótica mexicana. En esta pieza se invita a los lectores de otros continentes a conocer este país desde los frutos dulces que nacen en sus entrañas. “Basta con darle una mordida a un plátano, para que digas: este el mejor plátano que he comido en mi vida.

He aquí la lista de frutos mexicanos que estos reconocidos periodistas propusieron. Vale la pena poner atención a las descripciones que hicieron de cada color y sabor.

El mamey
Un aguacate enojado…


Además de ser muy nutritivo, el mamey es originario de México. Esta fruta crece en un árbol, tiene el tamaño de una pelota de americano y está envuelta en una gruesa cáscara café. Es difícil explicar el sabor del mamey. Podría decirse que luce como un aguacate enojado y sabe un poco a canela y un poco a calabaza dulce.

La tuna
Duras por afuera, deliciosas por dentro…


Esta fruta crece en las alturas de un cactus. Hay verdes y púrpuras aunque de cualquier color saben deliciosas. Comerlas es vivir una verdadera experiencia mexicana. Además (aunque no lo parezca) las tunas son fáciles de pelar, sólo hay que hacer un corte directo a la piel y sin espinarnos podremos probar su magia de jugo y diminutas semillas negras.

Capulines
Sabores del bosque mexicano…frutas

Parecen diminutas cerezas, sólo que su sabor es quizá un poco más agrio. Como dato curioso los árboles en los que hay capulines crecen sólo en lugares altos y montañosos ahí donde viven muchas comunidades indígenas. Por otro parte, estos deliciosos frutos se venden en las esquinas de la capital y son el sustento de muchos otomís.

Las guayas
Pequeñas bombas de sabor…

Pequeños racimos verdes, cuya forma es equiparable a la de las uvas. Esta fruta se vende sobre todo en Yucatán de donde es originaria. Las guayas son simplemente hermosas, tienen una cáscara verdosa y en su interior una piel suave y un hueso del tamaño de un garbanzo.Su sabor y textura recuerda al de los lichis.

La papausa

Difícil de encontrar, imposible de olvidar…


Esta fruta es originaria del sur de México se puede encontrar en el estado de Chiapas. Tiene el tamaño de un pequeño melón y es parecida a la guanábana por su forma, por su consistencia suave y sus semillas negras. La magia de esta fruta radica en que no sabrás si te tocó una rosa o una blanca hasta que peles.

Fuente: mxcity.mx
Fotografía: mxcity.mx