A más de 8 mil 400 kilómetros de distancia y separados por un océano entero, el jardín botánico de Londres consigió recrear la más pura esencia de Colombia a través de sus exuberantes y coloridas orquídeas.

El festival número 24 que el invernadero Princesa de Gales, situado en el famoso jardín botánico londinense de Kew Gardens, realiza en honor a esta bellísima flor está dedicado, por primera vez, al país latinoamericano, donde se encuentra la mayor variedad de orquídeas de todo el globo terráqueo.

Cuenta con 4 mil 270 especies, una biodiversidad que, según explicó uno de los responsables de la muestra Mauricio Diazgranados, «celebra el color de Colombia», que se encuentra en riesgo por la deforestación que está viviendo el país.

Diazgranados lamentó asimismo el escaso desarrollo comercial en torno a las orquídeas que existe en la república, mientras que su distribución se produce a través de prácticas ilegales.

Un contrabando que, apuntó, es «muy difícil de detener» porque se sitúa en «segundo» lugar por detrás del tráfico de sustancias estupefacientes como la cocaína.

Explicó que desde Kew Gardens buscan «apoyar y promover» que los campesinos de las comunidades rurales colombianas se den cuenta de que el «cultivo, propagación y comercialización» de especies nativas es una «fuente de ingresos» y de que a la vez están «protegiendo la biodiversidad local».

Con ese propósito en mente, el jardín botánico, en estrecha colaboración con el gobierno colombiano, presentó su festival de orquídeas, que podrá visitarse desde mañana sábado hasta el 10 de marzo, y que reúne una vasta colección de más de 6 mil 200 de estas flores.

El hoy ventoso y gris Londres se evapora al poner un pie en el invernadero, al este de la ciudad, aclimatado a más de veinte grados y que teletransporta, como por arte de magia, al visitante a las selvas tropicales colombianas.

Más de un año de preparación y un mes de montaje han convertido al conservatorio Princesa de Gales en un reducto cálido y primaveral, donde la variedad de colores y formas de las orquídeas resulta inabarcable.

Una diversificación que se debe, tal y como explicó Diazgranados, a la intención de «maximizar las estrategias de polinización» y las múltiples variables de esta planta, que puede crecer tanto en zonas húmedas al nivel del mar, como en los más altos picos de los Andes, a 4.000 metros de altura.

Rojo, amarillo, verde, naranja, azul, violeta y un casi infinito etcétera son los colores que tienen las orquídeas, todas hermosas, aunque hay una que predomina sobre el resto para los colombianos.

Se trata de la «Cattleya trianae», la flor nacional del país, de más de 10 centímetros de ancho y con unas tonalidades lila, amarillo y púrpura.

Una especie que se explotó ilegalmente con mucha frecuencia hacia 1800 y que, hoy en día, se considera amenazada por la pérdida de su hábitat natural, el clima templado de las zonas cafeteras.

El indiscutible protagonismo de la orquídea, presente en prácticamente todos los recovecos de este laberíntico invernadero británico, deja también espacio para otros tributos a Colombia contenidos en la exposición.

Los colores de la bandera nacional, amarillo, azul y rojo, reciben a los espectadores a su entrada al recinto en forma de un millar de mariposas de papel colgadas del tejado acristalado.

Además, un conjunto de esculturas basadas en el mito de El Dorado se sitúan en el centro de la exposición, una metáfora que proclama que las orquídeas representan para los botánicos lo mismo que la desquiciada búsqueda de esa ciudad recubierta en oro, representó para los conquistadores españoles de América.

«Las orquídeas son El Dorado del mundo vegetal», reza un cartel a los pies de tres figuras aztecas -que aunque son doradas no están bañadas en este metal precioso- y que quiere remarcar el valor de estas plantaciones.

Unas flores que, como casi todas, nacen y mueren en un corto tiempo, desde cuatro semanas a tres meses, según explicó el director del montaje de la exposición, Scott Taylor.

Pero su destino no será el fondo del mar, sino las casas de los compradores que quieran adquirir las plantas cuando finalice la muestra y que, con paciencia las cuidarán, hasta que vuelvan a florecer.

Fuente: Excelsior
Fotografía: excelsior.com