En uno de los puntos altos de la Bahia de Zihuatanejo se encuentra una obra arquitectónica de la que poco se habla, y que últimamente a surgido como un atractivo turístico por su misterio y diseño clásico griego. Desde una calle que rodea la playa de La Ropa, no hay sospecha que a contados metros hacia la montaña se encuentre un palacio.

La imponente vegetación sabe guardar un secreto, incluso si se trata de uno de cerca de 20 mil metros cuadrados. A pesar de ello, éste es del dominio público. A nivel local, se conoce desde finales de la década de los años 70, cuando los ejidatarios propietarios de los terrenos, lo perdieron de un día para otro y vieron erigir las 42 columnas que soportan el Partenón de Zihuatanejo.

Incluso al vehículo de tracción, le cuesta trabajo subir la cuesta. Una vía pedregosa que termina cuando una imponente reja aparece en el camino. En la puerta abierta, El vigilante de estas ruinas pone la perspectiva a los colosales barrotes oxidados de 6 metros de altura. De frente, el umbral a la parada turística underground de este destino en la costa grande de Guerrero.

La alberca, al centro del jardín, conserva un sitio protagónico en el diseño ideado por Carlos Carreño Cano, quién estuvo al frente de esta obra arquitectónica inspirada en el edificio de la Grecia clásica, ubicada en la ciudad de Atenas.

Esta mansión perteneció a Arturo Durazo Moreno, mejor conocido como “El Negro Durazo”. Ahora está abandonada y los turistas la visitan con el pretexto de observar por dentro la magnífica obra que se combina con el misterio de más de 30 años de abandono.

Fuente: Travel Leisure
Fotografía: prodigy.msn.com