De manera irónica, el Monumento que hoy recuerda al movimiento revolucionario iniciado en 1910 fue ordenado por quien fue depuesto.

Como parte de los festejos por el Centenario de la Independencia, el 23 de septiembre de 1910, Porfirio Díaz colocó la primera piedra de lo que se planeaba sería el Palacio Legislativo de México. Un proyecto ambicioso que competiría con otros recintos como el Capitolio de Estados Unidos.

¿Cuánto hubiera costado su construcción? El presupuesto inicial estimado para el inconcluso Palacio Legislativo fue de 17.2 millones de pesos de aquella época. De este presupuesto, 6.4 millones fueron gastados para construir la estructura que hasta hoy se mantiene y otras partes que fueron retiradas al convertirse la obra abandonada en monumento.

Si se le sumara al presupuesto inicial la inflación de 1910 a la fecha, el monto equivaldría a 1,478 millones de pesos actuales. Como punto de comparación, la Estela de Luz tuvo un costo reportado de 1,575 millones de pesos.

El valor actual del monumento, según un cálculo del portal inmobiliario Lamudi, sería de 528.9 millones de pesos; ya que el precio promedio por metro cuadrado de la delegación es de 17,628.95 pesos por los 30,000 metros cuadrados que ocupa el Monumento.

El proyecto original
Ante el afán de Porfirio Díaz por replicar parte de la cultura y arte de Francia, el arquitecto francés Emilio Benard fue contratado en 1903 para trabajar en los planos del proyecto. El diseño original reflejaba elementos de la arquitectura prehispánica, pero también era representante del Art Deco, una de las principales corrientes del momento.

El monumental recinto se tendría una dimensión de 170 por 120 metros, con seis patios interiores, cuatro elevadores y cinco niveles. Su peso hubiera sido de 96,000 toneladas.

El primer nivel del edificio hubiera sido el sótano, donde se hubieran ubicado bodegas, archivos, cisternas y cocinas. En la primera planta hubiera albergado los archivos de las Cámaras y la Contaduría Mayor de Hacienda.

Las Cámaras de Diputados y Senadores, así como las bibliotecas hubieran ocupado el segundo piso. Mientras que en el tercero se ubicarían las entradas a las Tribunas Diplomáticas de las Cámaras, así como la Secretaría de Contaduría Mayor de Hacienda. Y en el último piso hubieran estado los accesos a las tribunas del público, archivos y salones de comisiones.

La construcción del proyecto inició con la cúpula central que hasta hoy se mantiene en pie y algunas partes de la obra lateral. Su construcción se continuó pese a la renuncia de Díaz al poder en 1911 y los primeros años de la Revolución, hasta 1913 cuando se abandonó.

Como monumento
Años después del fin de la Revolución, en 1932, se iniciaron trabajos de destrucción del fallido edificio. Sin embargo, el arquitecto Carlos Obregón Santacilla propuso utilizar la estructura como un monumento al movimiento revolucionario.

El presidente Abelardo Rodríguez dio luz verde a la propuesta.

Fuente: Dinero en Imagen
Fotografía: dineroenimagen.com