Internet está lleno de fotos de comida, ya sea un sabroso filete de ternera, un cremoso batido de frutas o una colorida y veraniega ensalada. Bajo el hashtag #foodporn aparecen sólo en Instagram en torno a 92 millones de instantáneas. Y la pregunta es, ¿por qué a tanta gente le da por compartir en la red algo tan cotidiano como la comida?

Según los rastreadores de tendencias, se trata de un nuevo fenómeno y una nueva forma de individualismo. Científicos estadounidenses van más allá y afirman que la comida fotografiada sabe mejor. No obstante, la difusión de algunas de estas imágenes podría derivar en litigios legales.

Pongamos como ejemplo el caso de Alemania. Una encuesta reciente del instituto de opinión YouGov revela que el 61 por ciento de los alemanes han fotografiado alguna vez lo que iban a comer. Más de la mitad de ellos (51 por ciento) inmortalizó platos que habían cocinado ellos mismos, mientras que un 44 por ciento lo hizo en restaurantes, cuando la comida estaba especialmente buena o tenía un aspecto particularmente llamativo.

Además, uno de cada tres documentaba con su cámara los aspectos culinarios de sus viajes, y uno de cada cuatro, colgaba sus fotografías gastronómicas en las redes sociales. Entre los hashtags más populares usados en todo el mundo figuran #foodlove, #foodorgasm o, por supuesto, #foodporn. Un concepto, este último, que no sólo hace referencia a las fotografías, sino a toda una tendencia.

«El #foodporn describe un fenómeno en el que las personas se presentan y se comunican con los demás a través de lo que comen» , explica a dpa la analista de tendencias Hanni Rützler. «Comer se ha convertido en un auténtico fenómeno a través del cual uno puede comunicar sus propios valores, preferencias y orientaciones» . En definitiva, es una forma de expresar la individualidad, añade la experta.

Mientras que antaño compartir mesa era una forma de comunicarse con los demás en torno a una buena comida, las redes sociales han creado ahora un nuevo sentimiento de comunidad. «Antes, el individualismo o la pertenencia a un determinado grupo se expresaba a través de los códigos de la moda o de determinados estilos musicales. Hoy en día, se hace a través de la comida y la bebida» , afirma Rützler.

¿Y cómo reciben los demás esa comida inmortalizada y distribuida a través de la red? Según el sondeo de YouGov, las opiniones están divididas: mientras que a un 43 por ciento de los encuestados las fotografías de otros les inspiran, a un 40 por ciento les resultan molestas. Y más de la mitad opina que este tipo de fotos son sobre todo una forma de narcisismo.

Sin embargo, investigadores estadounidenses afirmaban recientemente que la comida fotografiada sabe incluso mejor. Así lo revelaba un estudio publicado en el «Journal of Consumer Marketing» , según el cual al buscar la mejor manera de inmortalizar el plato que tiene delante, el fotógrafo está estimulando su propio apetito.

Con todo, lo que casi nadie piensa al inmortalizar un menú es que, en teoría, podría causarle problemas con la Justicia, por ejemplo si lo hace en un restaurante de una o varias estrellas.

«No se puede descartar que determinados platos y emplatados estén sujetos a derechos de autor», señala a dpa el abogado Stefan Engels. «De ser así, no se pueden fotografiar y difundir sin más. Es como si se tratara de una obra de arte» y, por tanto, habría que pedir primero permiso a su creador.

Fuente: dpa
Fotografía: prodigy.msn.com