El 24 de noviembre de 1859 se publicó por primera vez El origen de la especies, el libro en el que Charles Darwin propuso una de las teorías más influyentes de la ciencia. Darwin pensaba que las especies evolucionaban a través del tiempo por medio de un proceso conocido como selección natural; una idea que, siglo y medio después, sigue siendo parte de la columna vertebral del conocimiento científico.

Sin embargo, parece que no todos en México comulgan con la forma de pensar de Don Charles. O al menos eso dice la Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología que realizó el INEGI en 2013, donde se revela que el 31% del total de los encuestados (casi 35 millones de mexicanos) cree que la idea de que “los seres humanos de hoy se desarrollaron a partir de la evolución de otras especies animales” es algo completamente falso. ¿Y entonces?

Lamentablemente, la encuesta del INEGI no detalla las creencias de la población respecto al origen de las especies de este planeta. Esto no nos deja conocer entonces cuáles son las ideas con las que sí está de acuerdo ese tercio de mexicanos que descarta al darwinismo: ¿Panspermia? ¿Creacionismo? ¿Una maldita simulación por computadora? No lo sabemos.

Aún así, es difícil creer que ese 31% no es un síntoma de las deficiencias del sistema educativo mexicano o de las pobres políticas públicas que tenemos en divulgación científica. Como prueba de ello, otros datos que se incluyen en el mismo documento del INEGI: el 36% asegura que los humanos vivieron al mismo tiempo que los dinosaurios, y el 27% cree que la teoría del Big Bang es falsa.

Algunos dirán que la teoría de la evolución sigue siendo sólo eso, una teoría y no una ley científica, por lo que ser escéptico al respecto no es sinónimo de ignorancia. Y tienen razón: el mismo Darwin dijo alguna vez que “si no hay dudas, no hay progreso”. Pero para poder negar algo, primero hay que estudiarlo.

Fuente: codigospagueti.com
Fotografía: codigoespagueti.com