Dependiendo de tu punto de vista, Tinder puede ser una bendición o una maldición. Para unos es una herramienta que les ayuda a conocer gente nueva cuando tienes una vida muy ocupada. Otros ven Tinder como un mercado de carne que es responsable del aumento en las ETS debido a la cultura del sexo casual que ha ayudado a crear.

No cabe duda de que puede conectarte con personas que, de otra forma, jamás habrías conocido pero, por desgracia, algunas de estas personas que conoces pueden llegar a correrse en tu pierna sin permiso al final de la velada.

A continuación os presentamos cinco historias de terror de Tinder que empezaron un poco raras y fueron empeorando poco a poco hasta dejar traumatizados a sus protagonistas. Esperamos que las disfrutes.

U GOT IT BAD
Conocí a una chica en Tinder que estaba a un par de horas de distancia pero, cuando eres gay, aprovechas todo lo que llega. Salí con ella como tres fines de semana seguidos.

El siguiente fin de semana también me invitó a salir pero le dije: “Perdona, es el cumpleaños de mi hermana y voy a estar con mi familia. Te aviso cuando regrese a la ciudad”. Me respondió con la cantidad máxima de caracteres que se pueden mandar por mensaje de texto, como siete páginas. Dijo que había destruido nuestra perfecta relación, que Dios le había dicho que estábamos destinadas a estar juntas y que se quería casar conmigo. No le respondí.

Unos días después me mandó un mensaje de voz. Estaba borracha, llorando y cantando “U Got It Bad” de Usher. La cantó completa. En mi buzón de voz. Después dijo que todavía me quería. También ignoré ese mensaje.

Unos días más tarde, me mandó una foto de un pedazo de papel quemándose en el que había escrito “Cosas pendientes” en la parte de arriba. Lo único que alcancé a leer era que quería llevarme a Suecia. No pude leer lo que faltaba porque, como ya dije, estaba en llamas. –Brittany, 24

Me partí de risa dentro de su boca
Conocí a un tío por Tinder con el que hablaba y nos llevábamos bien. Hasta que por fin un día salimos y él era igual que en sus fotos, es decir, no estaba nada mal. Pero cuando se bajó del coche, me di cuenta de que llevaba pantalones cortos de baloncesto. A ver, yo no llevaba un vestido de noche ni nada pero, no me jodas. ¿Pantalones de básquet? Ok.

En fin, empezó a hablar de cuánto ganaba al año y según él era una cifra de seis ceros. Yo solo pensaba “Macho, llevas shorts de básquet”. Pero siguió hablando sobre un amigo suyo que era chef y que acababa de abrir su propio restaurante y ganaba alrededor de 100.000 euros al año. El tío sentía lástima por su amigo y su mala decisión de vida. (Aclaro: yo no gano ni una cuarta parte de lo que gana su amigo).

A través de sus shorts de básquet vi que tenía una erección

Me llevó a un sitio de tacos y dijo en tono condescendiente: “Si quieres que te lleve a lugares caros, tienes que ganártelo”. Asqueroso.

Me comí mis tacos lo más rápido que pude para alejarme de ese imbécil porque, arg. Se notaba que no me lo estaba pasando nada bien.

Caminamos de regreso al coche y me invitó a su apartamento. Obviamente le dije que no. Entonces, se abalanzó sobre mí en un movimiento muy ” Rico-Suave” y trató de besarme. A través de sus shorts de básquet vi que tenía una erección. Y se corrió.

Mientras estaba tratando de besarme, su cuerpo empezó a temblar y sentí que algo caía sobre mi pierna. Siguió tratando de besarme y me partí de risa dentro de su boca. No tenía otra opción. Fue el momento más extraño e incómodo de mi vida.

Se quitó de encima y me preguntó “¿Quieres que volvamos a salir?” y yo le dije “Ni de broma. No me vuelvas a hablar. Borra mi número. No me busques. Gracias por nada. Adiós”. Seguía riéndome de forma histérica mientras me subía a mi coche. Tres meses después, me mandó un mensaje preguntándome si quería follar. Qué puto asco.

Espero que lea esto porque me hizo sentir muy incómoda y quiero devolverle el favor.— Shelby, 25

El Ryan equivocado
Como cualquier otra mujer en una gran ciudad, la presión social fue insoportable y decidí bajarme Tinder para ver qué coño pasaba. Dos días después, hice “match” con un chico que se llamaba Ryan. Era agradable y nada feo pero no me gustaba mucho. Hablamos de vez en cuando e intercambiamos números pero nunca pasó nada.

Cuatro meses después, en una fiesta conocí a otro tipo llamado Ryan. Nos llevamos bien y esa misma semana le mandé un mensaje. Decidimos que queríamos ir a cenar y quedamos para vernos en su oficina para ir a un restaurante cercano.

Llegué puntual a su oficina a las 6:30PM y le avisé de que ya había llegado. Cuando abrió la puerta del coche y lo vi, no lo reconocí.

“¿Se habrá afeitado? ¿Mandó a alguno de sus amigos? ¿Me estoy volviendo loca?”, pensé. Analicé todas las posibilidades de por qué un desconocido se había subido a mi coche y me estaba hablando como si me conociera. Traté de no entrar en pánico. Decidí preguntarle cosas que sólo el Ryan que conocí en la fiesta podría responder. Eso confirmó que había salido con el sujeto equivocado. Al final, en el restaurante ya no pude más y le pregunté dónde nos habíamos conocido. Él respondió: “Nos conocimos en Tinder”.

Ahí me di cuenta de que me había saboteado a mí misma. Porque soy una idiota y no guardé los apellidos de los dos Ryan y salí con el Ryan equivocado. Quedé en salir con el Ryan que conocí en Tinder, no con el que me gustó en la fiesta, sin darme cuenta. Me sentí como la peor persona del mundo y tuve la cita más incómoda de toda mi vida. Juré nunca más volver a usar Tinder y nunca volví a hablar con ninguno de los dos Ryan. – Tera, 26

Cuando los gatos (y el asma) atacan
Tuve una cita normal con un tipo al que llamaremos Chip que era DJ en los eventos de la Fashion Week. Comimos sushi barato, teníamos algunas cosas en común (como el judaísmo) y él se pasó el rato presumiendo de que se había follado a Emrata pero me aseguró que yo era mucho más guapa porque Emrata está “demasiado flaca” o una mierda así. Fuimos a su apartamento y empezamos a enrollarnos. Me enseñó sus tatuajes —uno para recordar a su padre muerto, uno en homenaje a David Lynch y un paisaje japonés en el culo—. Como ya estaba debajo, me quedé debajo (guiño, guiño)… Hasta que algo afilado aterrizó en mi cabeza. Era su puto gato del que me había hablado unas horas antes (le creó una cuenta de Instagram y quería que la siguiera).

Traté de quitármelo de encima pero me hundió todavía más sus garras en el cuero cabelludo y en la espalda. Cuando por fin me lo quité de encima, pasamos a su litera (por cierto, tenía 30 y tantos) y tratamos de seguir pero el gato nos siguió. Como no podía respirar, fui al baño para tratar de calmar mi ataque de asma por culpa del maldito gato. Tenía los ojos rojos y el rostro hinchado.

“Chip” me dijo que no estaba tan hinchada y que mis ojos no estaban tan rojos pero algo (su erección) me dijo que mi salud no era su prioridad. Necesitaba mi inhalador y salir de ahí inmediatamente.

Después estuvo un tiempo mandándome fotos de su polla durante meses después de nuestra cita. Una vez me lo encontré en la calle y vi que llevaba puesta una falda pantalón. Después me enteré de que la cuenta de su gato tiene cerca de 15 mil seguidores.– Taylor, 24

No me jodas
Conocí a una chica en Tinder y parecía que todo iba bien, así que decidí invitarle a un café. Ya había salido con gente que había conocido en Tinder y se me había hecho un poco incómodo pero con esta chica me llevé bien desde el principio. Teníamos cosas en común. La conversación era fácil. Era agradable.

Hubo un momento en que dejó su café sobre la mesa, se hizo a un lado el pelo y me miró directamente a los ojos. Sonrió. Yo también sonreí. Seguimos hablando y me agaché para sacar el móvil del bolsillo porque quería enseñarle algo. Creo que no se dio cuenta que todavía podía verla porque en ese momento aprovechó para meterse los dedos por la garganta y provocarse el vómito.

Dos segundos después, estaba empapado con el vómito de esta chica. Me quedé en shock, inmóvil, tratando de descifrar qué acababa de pasar. Ella se disculpó y me preguntó si estaba bien. “No me jodas”, le dije, me levanté y me fui al baño a limpiarme. Cuando regresé, la chica ya se había ido. Nunca volví a saber de ella. – Ted, 24

Fuente: vice.com
Fotografía: www.sdpnoticias.com