En México 62.4 millones de personas usa internet, esto equivale al 57.4% de la población de seis años o más, según datos del INEGI. Si bien podemos medir el número de usuarios existente, el debate alrededor de los efectos que esto ha tenido, sigue en pie.

Internet revolucionó al mundo y marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. Las dudas latentes son: ¿fue para bien o para mal?, ¿nos hizo mejores o peores personas?, ¿nos conectó o nos desconectó?

Herramienta para comunicarnos… y para evadirnos
En abril del año pasado, el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg decía: “Internet ha logrado que todos tengamos mayor acceso y compartamos más ideas e información que nunca. Pasamos de un mundo aislado a una comunidad global y estamos mejor así”.

¿Es cierto? No del todo.

Internet ha logrado unir a la gente con la misma fuerza que ha logrado dividirla. Hoy en día es muy fácil acortar las distancias largas con un par de clics, y enterarse de acontecimientos que suceden al otro lado del mundo y hasta solidarizarse con los mismos. Pero también se crearon rupturas: algunas tan absurdas como los que veían el vestido azul con negro y los que lo veían blanco con dorado, hasta la acción de bloquear a alguien solo porque no comparte la misma opinión que tú. Sin embargo, la división más grave es la que está deformando las interacciones cara a cara.

Conexión virtual, desconexión real
En el 2015, un estudio realizado por el Pew Research Center, reveló que 89% de los dueños de un Smartphone usaron sus teléfonos en la última reunión a la que asistieron. Esto no los hacía sentirse orgullosos, ya que el 82% sintió que impactó negativamente la conversación en la vida real.

El problema no es el uso de teléfonos inteligentes, ni de internet, sino la forma en la que están mutando a la sociedad. La socióloga estadounidense Sherry Turkle, autora de los libros Alone Together (Conectados pero solos) y Reclaiming Conversation (Reclamando conversación), considera que los acelerados avances tecnológicos nos está afectando más negativamente de lo que estamos dispuestos a aceptar.

Algunos estudios apuntan a que la conexión de las pantallas, nos está desconectado en las que son cara a cara. Turkle explica por qué: “si pones un teléfono en una interacción social pasan dos cosas. Primero, disminuye la calidad de la plática porque hablarás de cosas en las que no te importará que te interrumpan y, segundo, disminuye la conexión y empatía entre las personas”.

La alteración de la intimidad en las conversaciones –marcada por contacto visual constante, postura corporal, tono de voz y apreciación de las ideas del otro– ya está dejando ver algunos resultados. El más evidente es la disminución de empatía.

La psicóloga Sara Konrath analizó 72 estudios realizados en un periodo de treinta años y encontró que la empatía de los diversos participantes (la mayoría estudiantes universitario) disminuyó después del 2000. También se han realizado estudios sobre la correlación entre internet y problemas como el estrés, la depresión y la ansiedad.

¿Algún consejo? Turkle piensa que es fundamental recordarnos que los seres humanos somos “creaturas de historia, de psicología profunda, de relaciones complejas, de conversaciones intensas y cara a cara”. Y todo esto no debería cambiar por el uso –ni abuso– de Internet y Smartphones.

Fuente: Life&Style
Fotografía: prodigy.msn.com