Decidida a no quedarse atrás en la carrera de universos compartidos que define el panorama fílmico actual, Universal Pictures se suma a la tendencia utilizando un as que siembre guardó bajo la manga: los monstruos clásicos por los cobró relevancia desde la década de 1920.

De esta forma, el estudio arranca su denominado Dark Universe con una nueva iteración de La momia, torpísimo primer paso que en razón de su incapacidad de generar emociones en la audiencia y de su falta de originalidad, ya le anticipa un futuro cuestionable a la recién nacida franquicia.

El mercenario Nick Morton (Tom Cruise) descubre por accidente la tumba de Ahmanet (Sofia Boutella), hija de un faraón del antiguo Egipto que fue momificada y enterrada viva por los actos de traición que cometió contra su familia.

Ahora resucitada, Ahmanet hará todo lo posible por darle forma corpórea al dios Seth y dominar el mundo, y será labor de Nick y su equipo detenerla a como dé lugar.

Si Universal pretendía establecer a su Dark Universe como una franquicia competitiva en el saturado mercado de universos compartidos, con La momia queda claro que en realidad se trata de una iniciativa sin visión, eje, ni personalidad.

Estamos ante una película de tono indeciso, que trata de mantenerse bajo un ángulo sereno -acorde al de la original La momia de 1932-, cuando en realidad se muere por ser una mezcla de aventura, acción y comedia, similar a la trilogía La momia que estelarizó Brendan Fraser de 1999 a 2008.

Cuando esa falta de seguridad se mezcla con la abundancia de líneas lamentables que se pretenden graciosas, queda por resultado un muestrario de cuán bajo puede caer una estrella de Hollywood con tal de mantenerse vigente.

La momia se siente como el aborto de cualquier filme estereotípico de Tom Cruise. Ahí están la obligada escena en la que corre, la secuencia de acción a bordo de un avión y el infaltable momento en que aparece sin camisa.

Es una película que bien podría pertenecer a Misión: Imposible, con la diferencia de que es un trabajo sin chispa ni personalidad, un filme que pareciera rodado y ensamblado por aplicaciones y no por un equipo de profesionales.

Es una lástima que, poseyendo tan fundamental roster de monstruos, Universal haya permitido la elaboración de un producto insultantemente débil, más cuando se trata de la primera entrega de un nuevo universo compartido.

Eso es lo que sucede cuando se permite que uno de los coguionistas de las dos primeras Transformers dirija una película.

Fuente: Swagger
Fotografía: prodigy.msn.com