n su 30 aniversario, el Museo Iconográfico del Quijote (MIQ) llegará a la Ciudad de México. A través de un convenio con la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el recinto de Guanajuato ocupará una de las Casas del Tiempo con un acervo plástico de artistas modernos y contemporáneos. En febrero de 2018, se abrirá una exposición temporal a manera de primera presentación, y a partir de entonces se fijará la permanencia de la obra en el espacio de la universidad.

La expansión del MIQ, fundado el 6 de noviembre de 1987, responde al crecimiento de la propia colección, aseguró Onofre Sánchez Menchero, director del museo. Pues en tres décadas el acervo original de 550 piezas se ha duplicado, y no sólo se tiene problemas de bodega, sino de espacio de exhibición. El recinto, ubicado a un costado de la Plazuela de San Francisco, en el centro de Guanajuato, ya no es suficiente para mostrar la obra, por lo que de manera recurrente se rotan las pinturas y esculturas en sala.

Un pendiente es extenderlo a través de otros museos hacia otras partes de la República y los que están más interesados son las personas de la UAM. En febrero en la Casa del Tiempo que está en la colonia San Miguel Chapultepec haremos una exposición, y es ahí donde nosotros probaremos si funciona, los de la universidad también, y de ahí pensar si se puede quedar de manera permanente sin cerrar el museo de Guanajuato. Hubo cambio de Rector en julio, pero ya hablamos con la nueva administración y vamos a darle continuidad al convenio que firmamos”, apuntó Sánchez Menchero.

Aunque también hay propuestas para llevar la colección del MIQ a Monterrey, el director señaló que las pláticas con la UAM van más avanzadas. Incluso se tenía una reunión el 20 de septiembre pasado, pero se suspendió por el sismo. Y para Sánchez Menchero la Ciudad de México resulta más atractiva para lograr su proyección, pues su mira final es Madrid.

Para la UAM se seleccionará un conjunto de obra representativa de todo el acervo reunido por Eulalio Ferrer, creador de la colección y fundador del museo. Por razones de logística, se enviarán piezas de mediano formato como grabados y pinturas; mientras que los murales como el de Pedro Coronel o las esculturas monumentales quedarán en Guanajuato. Incluso se tomará obra resguardada en la bodega de la Fundación Cervantina, ubicada en la Ciudad de México.

Hay obra que es inamovible por sus dimensiones, pero lo demás se estará rotando como lo que hacemos en las salas del museo que estamos en constante movimiento. Con tanta obra tenemos problemas de bodega, y por eso es necesario mover las piezas”, refirió del museo que ahora presenta una curaduría de Manuel Felguérez con obra reciente, y de José Luis Cuevas a manera de biografía; ambas son parte del programa del 45 Festival Internacional Cervantino.

El director presume una buena época del museo, pues recibe cuatro mil visitantes por mes, lo que suma 48 mil anuales. Además destaca que el 25 por ciento del gasto total al año se paga con sus propias actividades. Desde los conciertos de música de cámara hasta la producción editorial; lo que, en su opinión, lo hace una institución autosustentable. Entre los libros de mayor venta es una edición completa del Quijote de la Mancha, además del mismo título en otomí. El próximo año editarán uno en náhuatl y maya. Aunque el principal sustento es del gobierno estatal que aporta 15 millones de pesos anual, y cerca de un millón de la Fundación Cervantina que dirige la hija de Eulalio Ferrer.

UN QUIJOTE POR UNA CAJETILLA DE CIGARROS.

La historia del MIQ se escribe mucho antes de 1987, advirió su director. La colección de Eulalio Ferrer de objetos artísticos vinculados a la obra de Miguel de Cervantes inició 80 años atrás. Cuando el coleccionista tenía 19 años de edad, y estaba en un campo de concentración en Francia durante la Guerra Civil Española.

Ferrer, que vivía en el campo con sus padres y hermanas, cambió con un militar una cajetilla de cigarros por un libro. Desconocía el título y el autor. Pero le llamó la atención porque el ejemplar era del mismo tamaño de la caja de tabacos: pequeña. Se trataba de una edición miniatura del Quijote de la Mancha editado por Calleja en 1904. Las minúsculas páginas se convirtieron para el joven en un emblema de lucha, incluso después a su llegada a México a través de las acciones diplomáticas de Gilberto Bosques por órdenes del presidente Lázaro Cárdenas para rescatar entre dos mil y tres mil españoles.

En México empieza a adquirir obras del Quijote desde artesanales y luego pide a los artistas más importantes una obra relacionada con el Quijote, y muchas de estas obras que están en el museo son de artistas importantes como el mural de Pedro Coronel, hay de Tamayo, esculturas de Silva, hasta que su casa se convierte en un museo y se da cuenta que es necesario donarlo a México”. Así reunió trabajos de Carlos Mérida, Raúl Anguiano, Alberto Gironella, José Chávez Morado, Alfredo Zalce e incluso Salvador Dalí.

Eulalio Ferrer propuso primero a López Portillo abrir el museo, pero es con la presidencia de Miguel de la Madrid cuando se logró el proyecto, y se eligió la ciudad de Guanajuato por la amistad del coleccionista con Enrique Ruelas quien ya realizaba los entremeses cervantinos. En la inauguración estuvo Felipe González, entonces presidente de España.

Relato plasmado en el libro conmemorativo que el museo presentará en noviembre próximo. Un ejemplar que hace un recorrido histórico desde que Eulalio Ferrer recibió ese libro miniatura, el germen del MIQ.

Fuente: Excelsior
Fotografía: excelsior.com.mx