Con el impuesto al refresco, la obesidad en adultos disminuirá 2.5 por ciento para el año 2024 y para 2030 se espera que el gravamen contribuya a prevenir entre 86 mil y 134 mil nuevos casos de diabetes, reveló una estimación realizada por investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y de la Universidad de Michigan.

Uno de los factores de riesgo para desencadenar la obesidad y la diabetes es el consumo de azúcares añadidos, presentes en altas concentraciones en los refrescos. Por ejemplo, en el caso de una Coca Cola de 600 mililitros se utilizan 12 cucharadas de sacarosa, de acuerdo con información de la Alianza por la Salud Alimentaria.

Los especialistas señalan que el 10 por ciento de las calorías consumidas en el país provienen de este tipo de bebidas. La más reciente Encuesta Nacional de Nutrición y Salud reportó que 7 de cada 10 adultos y 3 de cada 10 niños padecen exceso de peso.

Autoridades federales reportan también que un promedio de 80 mil personas mueren al año por diabetes, lo que la convierte en la principal causa de decesos.

Hasta 2013, en promedio, cada mexicano consumía más de 160 litros de refresco al año. Los especialistas hallaron que derivado del alto consumo de bebidas azucaradas, los adultos jóvenes serán los más beneficiados por el gravamen, ya que son quienes más adquieren dichos productos.

El INSP señaló en un comunicado que “esto tiene implicaciones importantes, porque prevenir la obesidad en etapas tempranas de la vida genera mayores beneficios en la salud. Además, el impuesto ayudará a reducir el peso en todos los niveles socioeconómicos, siendo las personas de menor nivel socioeconómico quienes experimentan mayores reducciones en obesidad”.

URGEN A ELEVAR EL IMPUESTO

Ante este panorama, el INSP ha recomendado y organizaciones civiles han exigido en diversas ocasiones que el impuesto se eleve a 20 por ciento y los recursos se destinen a la implementación de bebederos públicos, se regule la publicidad de comida chatarra dirigida a niños y lineamientos sobre la misma en las escuelas, endurecimiento al etiquetado frontal de alimentos, campañas sobre orientación alimentaria y atención primaria de diabetes, sobrepeso y obesidad.

El estudio sugiere que la duplicación del impuesto es una “importante oportunidad” para reducir aún más el peso corporal y la diabetes. “[…] Los impuestos a los alimentos altamente calóricos podrían convertirse en una herramienta fundamental para reducir la obesidad y la diabetes en el país”.

Derivado del análisis, la red de organizaciones Contrapeso y El Poder del Consumidor (EPC), en entrevista para SinEmbargo, urgieron al Gobierno mexicano a elevar el gravamen de un peso a dos por litro.

Luis Manuel Encarnación, coordinador de Contrapeso, aseguró que el aumento del impuesto a las bebidas azucaradas a 20 por ciento es una medida altamente recomendada a nivel internacional. “El impuesto de un peso por litro es tan sólo el 10 por ciento y necesitamos aumentarlo para seguir generando beneficios en disminución de consumo de bebidas no saludables y que están relacionadas con casos de diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares y otras. Aumentarlo generará mayores beneficios en salud”, subrayó.

En el mismo sentido, Alejandro Calvillo, director de la organización El Poder del Consumidor (EPC), dijo: “Hay cada vez más evidencia de que un impuesto mayor tiene mejores resultados, el mejor ejemplo está en la ciudad de Filadelfia, donde ha caído muchísimo el consumo de bebidas azucaradas, gracias al impuesto”.

No obstante, subrayó que es sólo una de las medidas que se deben implementar para disminuir las cifras de los padecimientos mencionados. Por ello señaló la necesidad de acompañarla de una regulación efectiva de la publicidad dirigida a niños y de alimentos en las escuelas; de un etiquetado de advertencia, de implementación de bebederos en lugares públicos.

“Tendríamos una política más integral y eso podría aumentar bastante el porcentaje [de la población sin diabetes ni obesidad]. La propuesta original era implementar un impuesto del 20 por ciento y ahora se justificaría plenamente aumentarlo”, planteó.

Encarnación indicó que la medida recaudatoria ha generado más de 50 mil millones de pesos, pero criticó que menos del 10 por ciento se ha destinado a la instalación de bebederos en escuelas y lamentó que de acuerdo con solicitudes de información realizadas por la coalición Contrapeso y Salud Crítica, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) responde que no hay manera de saber el destino específico del impuesto, dado que todo lo recaudado por impuestos se va a una bolsa general.

“Esto es contradictorio con el Sexto Transitorio que se incluyó en las Leyes de Ingresos de 2014, 2015, 2016 y 2017, que señala que los recursos recaudados del impuesto se deberán destinar a programas de prevención y a bebederos en escuelas. Es necesario que se dé un destino específico y transparencia en la recaudación y uso de los recursos”, exigió.

Por ello, los activistas hicieron un llamado al Gobierno Federal, específicamente a las secretarías de Hacienda y Salud, así como al Congreso de la Unión a fortalecer la medida más efectiva en reducción de consumo [que es el impuesto a las bebidas azucaradas] y le brinde mayor reconocimiento a nivel internacional.

“Necesitamos fortalecerlo en dos vías: Una, en aumentar el impuesto de uno a dos pesos por litro, para estar en el nivel de las recomendaciones de expertos nacionales e internacionales. Y dos, en garantizar la transparencia y el uso específico de los recursos recaudados”, urgió Encarnación.

EL IMPUESTO HA DISMINUIDO EL CONSUMO DE REFRESCO

En febrero pasado, el Instituto presentó los resultados de un estudio publicado en la revista Health Affairs, que realizó con la Universidad de Carolina del Norte, el cual reveló que la medida sobre las bebidas azucaradas industrializadas, implementado en enero de 2014, logró disminuir su consumo en el país.

Los resultados del análisis arrojaron que las compras de refrescos se redujeron en un 9.7 por ciento; mientras en 2014, la cifra alcanzó 5.5 por ciento en la baja de las compras, lo que en promedio se traduce en 5.1 litros per cápita menos por año.

Además, mostró que hubo un aumento en la compra de bebidas sin impuesto y explicó que la adquisición de agua embotellada creció 2.1 por ciento, es decir, 6.6 litros per cápita por año.

Fuente: Sin Embargo
Fotografía: prodigy.msn.com