¿Qué damos, qué recibimos?

Por David A. Figueroa Hernández

 Las opiniones respecto a si nuestro país ha sido beneficiado o perjudicado por su inclusión en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha desatado discusiones diversas entre políticos, académicos y especialistas en las áreas inherentes a dicha organización mundial.

 

Su creación derivó originalmente en la Organización para la Cooperación Económica Europea (OEEC) que luego se plasmó como el Plan Marshall, el cual buscaba la reconstrucción de la Europa de la posguerra. No obstante, su creación oficial en 1961 auguraba grandes expectativas al tener como visión “promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo”. Fue hasta el 18 de mayo de 1994 que México es aceptado en el organismo internacional. Curiosamente, el mismo año que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá; y el alzamiento por la representatividad y dignidad indígenas por parte del EZLN en Chiapas. Estos hechos enmarcaban a nuestro país en el momento que las naciones del mundo ponían los ojos en nuestra economía.

 

Actualmente la OCDE posee 34 países miembros, entre los que destacan grandes potencias en diversos órdenes. Cada una de estas naciones aporta una suma considerable para la sobrevivencia de la propia organización. Para estos y más datos de estadísticas, se recomienda visitar la página web del organismo en específico el link sobre el porcentaje sobre las contribuciones: http://www.oecd.org/about/budget/member-countries-budget-contributions.htm.

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Entre los temas que aborda la OCDE entre sus miembros están: Administración Pública; Agricultura y Alimentación; Asuntos Sociales, Migración y Salud; Ciencia y Tecnología; Comercio; Desarrollo; Desarrollo Urbano, Rural y Regional; Economía; Educación; Empleo; Energía; Energía Nuclear; Finanzas e Inversión; Impuestos; Industria y Servicios; Medio Ambiente; y Transporte.

 

Para quienes creen que nuestro país no debería estar dentro de este organismo internacional al considerar a México como un país en vías de desarrollo y en el que los temas ya descritos lo ubican en los últimos lugares, hay que subrayar que el ingreso a la OCDE no está en función del nivel de desarrollo; el requisito principal es compartir las ideas sobre un mejor y más ágil libre-mercado. Por ello, la OCDE posee relaciones con más de 60 naciones además de sus miembros activos.

 

Al ser México un país con una economía denominada ‘emergente’ y que a últimas décadas ha crecido sustancialmente en sus niveles de exportaciones, para algunos críticos se ha dejado de largo y, en parte tiene razón, el consumo interno, el fortalecimiento de la moneda frente a nuestro vecino del norte pero sobre todo, el poder adquisitivo de los habitantes. A lo anterior aunamos una educación con bajos índices de aprovechamiento ante los estándares internacionales. Véase la prueba PISA implementada entre 2000 y 2006 en: http://www.oecd.org/centrodemexico/medios/programainternacionaldeevaluaciondelosalumnospisa.htm; y un desarrollo regional (pobreza y desempleo), que sin duda al compararse con otras naciones integrantes, resulta evidente nuestro nivel en el mundo.grafica 3

 

Es correcto y justo decirlo, las políticas públicas que el organismo internacional maneja sin duda, están por encima de algunos tópicos de nuestra realidad nacional. Pero eso mismo es uno de los enfoques de la OCDE, que “los gobiernos puedan trabajar conjuntamente para compartir experiencias y buscar soluciones a los problemas comunes”.

 

¿Cuáles han sido, entonces, los beneficios que México ha tenido desde que fue considerado como un miembro activo de la OCDE? Sin duda el aprendizaje en el manejo de las políticas públicas, en la transparencia y el acceso a la información, así como en los diversos esquemas económicos globales, en la tecnología y sin duda, aunque parezca extraño, en la educación del país, a pesar de que no se tiene un lugar destacado en la disciplina debido a su deficiente implementación. Gran parte de nuestro Producto Interno Bruto (PIB) como correspondió al año 2012, se destinó a este rubro el 23.4 por ciento de los gastos públicos del gobierno, es decir 6.5 del PIB; mientras que la media de los integrantes de la OCDE es de 13.2 de los gastos públicos, es decir, un 5.8 por ciento de su PIB.

 

Por otra parte, uno de los fortalecimientos de la OCDE son sus publicaciones especializadas. México pertenece a un selecto grupo (uno de cinco) de países miembros que cuenta con un centro de distribución de publicaciones. Ésto, como resultado de lo complejo que resulta, por un lado, la economía de nuestro país así como de los diferentes estudios y académicos nacionales y extranjeros; y por otro, lo importante que es para estos sectores que se puedan difundir en países emergentes los conocimientos e investigaciones mundiales siempre con visión a largo plazo.

 

¿Cuál ha sido la mayor contribución de México a la OCDE? Menciona este organismo que “ha contribuido al debate del desarrollo económico desde la perspectiva de una economía emergente”. Cierto es que tampoco tiene mucho de qué vanagloriarse pero también, ha sabido salir de momentos económicos difíciles, apoyado siempre por la comunidad internacional. Las decisiones tomadas, para bien o para mal, han servido de ejemplo para otras naciones y solamente resta estabilizar y fortalecer una economía de a pie que proporcione una mejor calidad de vida a sus habitantes.

 

Finalmente, cabe mencionar que, reunida la OCDE desde 1976 cada año de forma interrumpida, sea con la presencia de Primeros Ministros, Presidentes, Secretarios de Estado, Embajadores y con Dignatarios de todos los confines del orbe, el organismo ha buscado siempre la opinión de los líderes en políticas, expertos, líderes empresariales, universidades, así como representantes de la sociedad civil en aras de buscar diversos caminos para un devenir mundial, si no equitativo, sí más justo.