Todos tenemos una serie de hábitos de higiene que aprendemos de pequeños y cumplimos a rajatabla el resto de nuestra vida: nos lavamos las manos antes de cocinar y después de ir al baño, nos cepillamos los dientes antes de acostarnos y, claro está, nos duchamos todas las mañanas (o todas las noches).

Lo que no solemos plantearnos es que quizás estamos siendo demasiado higiénicos. Cada vez nuestro aseo es más insistente: si hace tres generaciones las convenciones sociales animaban a bañarse una vez a la semana, lo más habitual hoy es ducharse diariamente, cuando no dos o tres veces al día: al levantarse, después de practicar deporte y antes de acostarse. ¿Nos estamos pasando?

Madlen Davies ha recopilado en ‘The Daily Mail’ los mayores errores que cometemos al ducharnos, y muchos tienen que ver con una higiene excesiva que acaba siendo contraproducente:

1. Ducharnos demasiadas veces
Cada vez son más los especialistas que advierten sobre las consecuencias negativas de lo que consideran una “higiene excesiva”. El uso excesivo de agua y geles de baño reseca nuestra piel y cuero cabelludo e impide el desarrollo de bacterias benignas que nos protegen de infecciones.

“Una vigorosa ducha diaria perturba la flora bacteriana natural de nuestra piel así como sus aceites”, explica en ‘The Daily Mail’ John Oxford, profesor de virología en la Queen Mary´s School of Medicine and Dentistry. “Con tal de que la gente se lave las manos lo suficiente y preste atención al área del cuerpo por debajo del cinturón, ducharse o bañarse cada dos días no hace daño. Incluso dos veces a la semana no sería un problema si la gente usara el bidet a diario, pues la mayoría de los gérmenes se pasean por nuestros bajos fondos”.

2. Ducharnos demasiado tiempo
Relajarse bajo el agua es agradable, pero si nos tiramos 20 minutos en la ducha no estaremos haciendo ningún favor a nuestra piel. “El agua es irritante así que cuanto más tiempo estés bajo ella más irritada y seca estará tu piel”, explica el doctor Anjali Mahto, portavoz de la British Skin Foundation. “El aceite de las glándulas sebaceas hidrata la piel y ducharse demasiado tiempo las despoja de la humedad”.

3. Usar mal el jabón
Según la gastroenteróloga Robynne Chutkan, autora del libro ‘The Microbiome Solution: A Radical New Way to Heal Your Body from the Inside Out’, ducharse diariamente con jabón nos hace más propensos a padecer enfermedades e infecciones.

Cuando usamos jabones antibacterianos eliminamos de nuestra piel las bacterias que nos protegen de tener acné o eczemas, explica la doctora Chutkan en su libro, quien añade que las únicas partes de nuestro cuerpo que deberíamos lavarnos con jabón diariamente son las axilas y las ingles; para el resto, sería suficiente con un enjuague, incluso después de haber sudado.

El jabón retira la suciedad y la grasa de nuestro cuerpo, permitiendo que el agua se lleve estas por el desagüe, pero la piel de los brazos y las piernas no tiene demasiada grasa, por lo que lavarnos las extremidades con jabón solo hace que se sequen.

4. Lavarnos la cara
Por supuesto que debemos limpiar nuestro rostro, pero la ducha no es el mejor lugar para hacerlo, pues su temperatura y presión suele ser demasiado alta. “Una ducha caliente puede causar o exacerbar la fragilidad de las redes capilares de las mejillas, lo que provoca la aparición de poco atractivas redes capilares y una piel deteriorada”.

Lo ideal es que nos lavemos la cara en el lavabo, con agua tibia, no caliente, y no abusemos de los limpiadores faciales. Muchos de estos productos contienen alcohol y son demasiado agresivos con las bacterias de la piel.

5. Usar esponja
En los anuncios de la tele nadie se aplica el gel de baño directamente con las manos, todos usan esponjas que parecen suaves y limpias. Pero eso solo es ficción y la que tienes en tu ducha probablemente sea un nido de bacterias, hongos y moho. “Si tenemos una pequeña herida abierta (incluso una microscópica que nos hagamos al afeitarnos o pequeñas fisuras por tener la piel seca) y usamos esponja, estamos en riesgo de padecer infecciones, desde impétigo a foliculitis”, señalaba la dermatóloga Jessica Weiser en ‘Health’.

Si pese a estas advertencias sigues siendo incapaz de ducharte con las manos, al menos trata de escurrir bien la esponja después de usarla, manténla en un ambiente fresco y seco –sí, complicado en la bañera– y, por descontado, cámbiala al menos cada mes.

6. Usar mal el champú
El pelo es otra de las zonas que debemos lavar con frecuencia, pero muchas veces nos excedemos en el uso de jabón y en su aplicación. Lo ideal es usar un poco en la parte superior de la cabeza, repartirlo y enjuagar. Si estamos mucho rato frotando nuestro cuero cabelludo dañaremos este y quedará más grasiento.

También es bueno lavarse el pelo con agua no demasiado caliente, pues es menos agresiva con los folículos pilosos.

Fuente: El Confidencial
Fotografía: prodigy.msn.com