No tropezar en la misma piedra

Piénsalo de esta manera: cuando te rompes un hueso, el callo óseo que se forma es más fuerte que el tejido óseo anterior. Si caes enfermo, tu cuerpo entra en modo bélico, crea defensas y memoriza la estrategia del enemigo para rechazarlo en un futuro. Pues lo mismo ocurre con el deporte. Cuando entrenas (es decir, cuando te agredes), tu cuerpo se hace más fuerte. Siempre y cuando respetes unos principios.

La adaptación es poder

Uno de ellos es el principio de la supercompensación. Un nombre grandilocuente, de acuerdo, pero que hace referencia a algo tremendamente lógico y sencillo: cuando aplicas una carga, el cuerpo baja el rendimiento en una primera fase. Después toca descansar, hidratarse y comer (el importantísimo entrenamiento invisible). Básicamente estás elevando tu forma física y creando adaptaciones al medio mientras tanto.

Todo es energía

Piénsalo así: ACTIVIDAD = GASTO CALÓRICO. Tu cuerpo invierte energía para todo, ya sea a la hora de entrenar o pegándote una reparadora duchita. Vives en un bucle de derroche energético, que se estabiliza a medida que te repones y alcanzas un equilibrio interno. Al final, cuando te pones enfermo, te lesionas o vas de fiesta con los colegas, rompes ese equilibrio interno y el cuerpo trabaja para restablecerlo.

Romperse es crecer

Para ganar músculo, tienes que llevarlo hasta el límite. Cuando sometes al músculo a un fuerte trabajo, sus pequeñas fibras se rompen y luego al recomponerse aumentan en número. Eso sí, esto no quiere decir que te pongas en modo bestia, tienes que hacerlo de forma controlada, natural y progresiva. Si no eres precavido puedes desgarrarte gravemente el músculo y caer lesionado durante un buen periodo hasta su recuperación.

Tu amigo el frío

¿Sabías que pasar algo de frío puede ser una de tus mejores estrategias para perder grasa? La culpa la tiene la irisina, una hormona responsable de la termorregulación y conversión de la grasa blanca (“mala”) en grasa parda (“buena”), a través del torrente sanguíneo.

Cuando realizamos ejercicio producimos esta hormona. Si además lo hacemos en un clima frío, la producimos en mayor cantidad. Al cuerpo le cuesta más energía mantener el equilibrio interno en un clima frío que en un clima cálido. Si además obtiene esa energía de los lípidos, mucho mejor. Estudios recientes han demostrado que simplemente por pasar frío activamos el metabolismo de los lípidos.

Fuente: Men’s Health
Fotografía: prodigy.msn.com