Esto es todo lo que Meghan tuvo que dejar de lado para contraer matrimonio con Harry y pertenecer a la Familia Británica.

Es cierto: la última boda real inglesa, la que unió a Markle con Harry fue disruptiva en muchos sentidos. Desde las palabras del pastor estadounidense Michael Curry citando a Martin Luther King, el coro compuesto en su mayoría de afroamericanos que interpretaron góspel y hasta la interpretación de “Stand By Me”, el clásico de Ben E. King, es muy probable que la capilla de Windsor nunca vuelva a recibir una ceremonia similar; sobre todo cuando se cae en cuenta de que pertenece a una institución caduca que data de hace 12 siglos y cuya estirpe en la actualidad es apenas relevante más allá de las revistas del corazón y moda.

La vida de Meghan Markle —desde hace unas semanas Meghan de Sussex, Condesa de Dumbarton y Baronesa Kikeel— cambió radicalmente. Y aunque la exactriz californiana gozará de un sinfín de privilegios por pertenecer a una familia real (sí, en pleno siglo XXI), también deberá renunciar a distintas libertades que gozaba como una ciudadana cualquiera. Al mismo tiempo, Markle deberá someterse a un conjunto de reglas, la mayoría anticuadas y propias de otro tiempo. Aquí las más sobresalientes:

Sin postura política

Meghan no sólo era conocida por dar vida a Rachel Zane en Suits, también mantenía un activismo político a través de distintas plataformas desde donde aprovechaba para manifestarse sobre la urgencia de construir un mundo con equidad de género. Markle se define como feminista y solía colaborar con la ONU para apoyar estas causas; sin embargo, el protocolo de la familia real es estricto: como duquesa, Meghan no podrá votar ni tomar postura política alguna en público.

Adiós a las redes sociales

La ahora esposa del Príncipe Harry de Inglaterra era popular en redes sociales, especialmente en sus perfiles de Twitter e Instagram, donde era seguida por millones de usuarios. Al mismo tiempo, Meghan llevaba un blog donde escribía sobre temas que le apasionaban y compartía detalles de sus actividades, pero las redes sociales están prohibidas cuando eres parte de la Familia Real Británica. Meses antes de su boda, eliminó sus perfiles y puso fin a The Tig, su blog personal.

No selfies

Las selfies están prohibidas para la realeza británica. Algunos afirman que se trata de una regla directa de la reina Isabel II, pero la realidad es que distintos personajes de la Familia Real han expresado su negativa para aparecer en este tipo de fotografías en eventos públicos. Las fotografías comunes tomadas con una cámara frontal sí están permitidas por la Corona.

Prohibido trabajar

Ningún miembro de la familia real tiene permitido conseguir un empleo o trabajo distinto a su título nobiliario. Desde el momento en que forman parte de la monarquía, están obligados a dedicar la mayor parte de su tiempo a la comparecencia en actos públicos de cualquier índole que involucren a la Casa Real y sus gastos de por vida están asegurados.

Vestimenta conservadora

Cuando se trata de vestimenta, las reglas de la realeza británica son tan rígidas como absurdas: los escotes pronunciados, las faldas por arriba de las rodillas y otras prendas que —para el gusto de la reina— muestren demasiada piel están prohibidas en actos públicos. También lo está pintarse las uñas de un color demasiado llamativo, cruzar las piernas y usar tacones altos.

Fuente: culturacolectiva.com
Fotografía: culturacolectiva.com