Hacer reír es uno de los oficios más complicados del mundo. Los mayores referentes del arte de la comedia, los célebres payasos, llevan usando desde hace siglos tres elementos clave para divertir a su audiencia: maquillaje, una risa exagerada y atuendos ridículos. Sin embargo, a pesar de trabajar para generar risas, principalmente en los niños, los payasos suelen despertar miedo y repulsión en muchos infantes, que presienten un lado oscuro detrás de esas caras blancas, grandes sonrisas, gestos maniáticos y pantalones bombachos.

El miedo que provocan los payasos fue bien entendido por Jerry Robinson, un joven dibujante que en 1940, se le ocurrió diseñar un nuevo enemigo para Batman. Robinson, oriundo de Trenton, Nueva Jersey, era un adolescente de 17 años cuando conoció a Bob Kane durante las vacaciones del “creador de Batman” un par de meses después del lanzamiento de Detective Comics #27, la primera aventura del Hombre Murciélago. Kane quedó impresionado con la chamarra que portaba Robinson, repleta de dibujos salidos de la imaginación del joven dibujante. Kane, que ya tenía contratado a Bill Finger como escritor sin crédito y otros dibujantes que realizaban los cómics de Batman, le ofreció un trabajo a Robinson si decidía mudarse a Nueva York para colaborar en su estudio.

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“Lo de la chamarra con dibujos era una moda de ese entonces, a los jóvenes de ese tiempo nos gustaba personalizar esas chaquetas de lino. Yo llevaba la mía por la calle, cuando alguien se me acercó por la espalda y, después de darme un golpecito en el hombro, me preguntó: ‘Oye, ¿quién dibujó esas cosas?’. Era Bob Kane, que acababa de publicar el primer número de Batman [Detective Comics 27]. Yo ni siquiera sabía lo que era eso. Me mostró el cómic que estaba a la venta en un puesto de revistas local. La verdad no me impresionó mucho”, cuenta Robinson.

Robinson acababa de graduarse de la preparatoria y tenía un trabajo vendiendo helados, por lo que no lo pensó demasiado para decidirse a ir a vivir a la glamurosa Nueva York, por lo que con el apoyo de su familia se lanzó a la gran ciudad, combinando su trabajo en el estudio de Kane, con sus estudios de periodismo en la Universidad de Columbia.

Inicialmente a Robinson le encomendaron la tarea de escribir los globos de diálogo de los cómics, posteriormente ascendió a entintados, poco tiempo después se dedicó a dibujar los fondos. La escalada de puestos frenética del dibujante se debió a que varios de los dibujantes fantasma de Kane dejaron el estudio por mejores ofertas de trabajo en otras editoriales, por lo que Robinson pronto se convirtió en uno de los principales dibujantes de los cómics de Batman. A pesar de su juventud, se le dio la oportunidad de sugerir ideas y colaborar con Finger en la creación de personajes, dotando de dinamismo y un nuevo enfoque más cercano a los niños y adolescentes a las historias del encapotado.

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Ante la enorme fama del caballero nocturno, DC Comics decidió otorgarle un segundo cómic que se sumó a Detective Comics, llamado simplemente Batman, el cual tendría 64 páginas y se programó para salir al mercado en la última semana de abril. Se cuenta que durante el proceso de elaboración de la nueva historieta, Jerry Robinson se obsesionó con un comodín de una baraja de naipes, a la que dibujaba una y otra vez, volviendo cada vez más siniestro el rostro del payaso que aparecía al centro de la carta.

De acuerdo con la versión más confiable, Robinson llevó su dibujo a Finger, al que le indicó que ese tenía que ser la némesis de Batman. El escritor se interesó en el dibujo porque le recordó a la caracterización del actor Conrad Veidt como el personaje de Gwynplaine, el héroe trágico de la película muda de 1928 The Man Who Laughs, basada en una novela de Victor Hugo.

“Como estudiante universitario y lector de los clásicos, me di cuenta que, desde David y Goliat, hasta Sherlock Holmes y Moriarity, cada héroe importante de la literatura, la mitología o los textos sagrados contaba con un adversario digno que incluso lo fortalecía. Cuando propuse el primer concepto de un supervillano –un boceto de Joker adaptado a la imagen clásica del naipe– Bob y Bill se entusiasmaron y quisieron que apareciera en el primer número de Batman. Me propuse para escribir la primera historia de Joker, lo cual me serviría para mi clase de escritura creativa en la Universidad de Columbia. Pero Bob consideró que el potencial de la historia era tan grande que era mejor dejarle esa tarea a Bill”, señala Robinson.

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En la película The Man Who Laughs, Gwynplaine es el hijo de un aristócrata inglés caído en desgracia, al que desfiguran el rostro cuando es un bebé, por ello nunca puede quitar una enorme sonrisa de su cara, lo cual lo ayuda a convertirse en el mejor payaso del mundo, pero lo condena a una vida melancólica, ocultando su tristeza y desazón detrás de su sonrisa eterna. Usando esos elementos, Kane diseñó la apariencia final de The Joker, un siniestro payaso con una sonrisa inamovible, que oculta, no una depresión y melancolía, sino un odio por el mundo, maldad sin sentido que le lleva a buscar crear caos en Ciudad Gótica. Así habló Robinson sobre la influencia de la película en la creación del personaje:

“En esa primera reunión cuando les mostré el esbozo del Joker, Bill dijo que le recordaba a Conrad Veidt en The Man Who Laughs. Esa fue la primera mención de la película (…). Él se puede acreditar parte de la creación del Joker, incluso el propio Bob, quien dibujó la versión final de Joker, todos jugamos un papel en su concepción. Pero, el concepto inicial fue mío.”

Fiel a su costumbre de apropiarse del trabajo de sus colaboradores, Bob Kane siempre sostuvo que él fue el creador de The Joker, e incluso, igual que cuando declaró que Bruce Wayne estaba basado en él mismo, dijo que el villano de la cara blanca tenía elementos de su personalidad:

“Yo inventé el concepto del personaje porque recordé que de niño me había impactado The Man Who Laughs. Creo que tenía 11 o 12 años cuando la vi. Jerry Robinson afirma que él creó al personaje, pero cuando diseñamos el personaje él era un chico de 18 años que acababa de salir de la preparatoria. Recuerdo que Jerry trajo un dibujo de un naipe del Joker, que parecía un bufón cortesano. Utilizamos el naipe en la primer historia del Joker, como la tarjeta de presentación del personaje que dejaba después de cometer un crimen, y eso pudo haberlo confundido. Jerry afirma que ese naipe fue la inspiración del Joker, yo mantengo la idea de que él dibujó su naipe después de que Bill y yo ya teníamos el concepto del personaje. Toda la idea del Joker se me ocurrió a mi, yo uní la apariencia del naipe con mi propensión por jugarle bromas pesadas a mis amigos cuando era joven. Se lo comente a Bill, quien sugirió usar la apariencia de Conrad Veidt. No dudo que mi ex ayudante sea sincero al creer que él creó al Joker, pero el tiempo ha erosionado su memoria”, dice Kane sobre la creación del Joker.

Hoy, pocos dudan que la versión de Robinson es la correcta, quien sostuvo durante años con muchos detalles la manera en que entabló largas platicas con Bill Finger para definir la primer aparición de Joker:

“Yo quería a alguien visualmente sorprendente. Quería a alguien que dejara una impresión indeleble en los lectores, que pareciera extraño, memorable de forma similar a cuando vez por primera ocasión al jorobado de Notre Dame o a cualesquier otro villano que tuviera características físicas únicas.”

Después de Joker, la mayoría de los villanos de Batman se diseñaron siguiendo ese mismo planteamiento: debían de tener una apariencia grotesca y única que los volviera difíciles de olvidar.

En su primera aparición, The Joker es presentado como un asesino serial que gusta de esparcir el miedo a través de la radio, la cual interviene para anunciar que matará a millonarios específicos de la ciudad dándole a las autoridades un par de horas por delante para intentar detenerlo. En cada una de las ocasiones, el maleante se sale con la suya asesinando a sus blancos y dejando en los cadáveres una sonrisa grotesca y un naipe del comodín como tarjeta de presentación. El siniestro payaso es derrotado por el duo dinámico al final del número, a pesar de no conseguir salvar con vida a ninguno de los blancos de The Joker, enviándolo a prisión, desde donde él promete volver para vengarse de los bienhechores.

Se cuenta que en la segunda historia de The Joker, Bill Finger planeaba matar al personaje, porque no estaba de acuerdo con la idea de Jerry Robinson de darle un enemigo recurrente a Batman. De acuerdo con Finger, si un villano se convertía en un habitual de las historias del encapotado eso sólo podía significar que el héroe no era tan efectivo como se suponía, lo cual le restaba méritos como justiciero. Por el contrario, Robinson aseguraba que el efecto dramático se incrementaba con un villano que representaba un gran reto para el héroe.

Quien terminó con el debate fue el editor Whitney Ellsworth, entusiasmado por el potencial del personaje, quien le pidió directamente a Bob Kane que cambiara un par de paneles del cómic en el que Joker moría, sugiriendo que el villano recibiría asistencia médica y podría regresar posteriormente.

A pesar de que se volvió ampliamente conocido en el gremio de las historietas que The Joker era una creación conjunta de Jerry Robinson, Bill Finger y Bob Kane, quien recibió todo el crédito y grandes ganancias por el acuerdo de derechos de autor compartidos con DC Comics fue Kane. Siete años después de la primera aparición del payaso príncipe del crimen Robinson dejó el estudio de Kane y le dio un giro a su carrera, dedicándose desde entonces a la caricatura política. Sólo regresó a tener contacto con su creación en el 2007, un par de años antes de su fallecimiento, cuando Warner lo contrató como consultor creativo de la película de Christopher Nolan The Dark Knight.

“No teníamos ni idea de lo importante que llegaría a ser The Joker, por supuesto que no pensábamos que estaríamos hablando de él después de tantos años desde su creación. Cuando pienso en el dinero que hizo la película (The Dark Knight) -mil millones de dólares – siento un escalofrío. Deberíamos haber pensado en asegurarnos los derechos de autor por lo que habíamos hecho. Pero, por supuesto, no sabíamos que nuestras ideas llegarían a ser tan importantes. Éramos jóvenes y nadie podría haber previsto todo esto, era una nueva industria y nosotros los pioneros de una nueva mitología”.
Además de dedicarse a la caricatura política, Robinson se especializó como experto en la historia de los cómics y
buscó insistentemente apoyar a los artistas de cómics caídos en desgracia. En los setenta, fue curador de la primera exposición de ilustraciones de cómic que llegaron una galería de arte y, junto con Neal Adams, fue el principal impulsor para que DC Comics reconociera a Jerry Siegel y Joe Shuster como los creadores de Superman, otorgándoles regalías y el crédito correspondiente en todas las historias del personaje desde entonces.

“Hice durante 32 años caricaturas políticas, una cada día durante seis días a la semana, escribí y dibujé cada palabra de ellas, cada línea. Ese es el trabajo del que estoy más orgulloso. En cuanto a las páginas de Batman, es como volver a recordar mi juventud. Mis primeros siete años en Nueva York fueron también los primeros siete años de Batman. Si bien, mi tiempo en Batman fue importante, emocionante, y notable, teniendo en cuenta los personajes que inventamos, ese tiempo era sólo el comienzo de mi vida profesional”.

Jerry Robinson falleció el 7 de diciembre del 2011, en todas las notas de prensa que aparecieron comentando el deceso del artista lo mencionaban como el creador de The Joker, algo que ni siquiera Bob Kane pudo borrar de la historia de los cómics.

Fuente: codigoespagueti.com

Fotografía: codigoespagueti.com