En una época en la que el cine estadounidense de horror está plagado de trabajos carentes de propuesta real y se niega a salir de esa funesta posición de emplear trucos baratos para forzar el sobresalto de la audiencia, sorprende el estreno comercial de una película como La bruja, cuyo método y temática solo podían ser resultado de las sensibilidades del cine de autor.

En la Nueva Inglaterra del siglo XVII William (Ralph Ineson) y su familia son excomulgados de una villa y para sobrevivir se ven orillados a construir una cabaña en las cercanías de un bosque lúgubre.

Tiempo después de instalarse en el nuevo hogar, Thomasin (Anya Taylor-Joy), la hija mayor, juega con su hermano recién nacido y este súbitamente desaparece. Todo indica que quien lo raptó se oculta o vive en las profundidades del bosque.

A partir de este suceso la familia gradualmente cae en una espiral de locura en la que el fervor religioso, la desconfianza y la incierta existencia de fuerzas siniestras más allá de toda comprensión humana desmoronan los pilares filiales e ideológicos de sus integrantes.

Lo primero que destaca de La bruja es la hábil y firme mano de su director y guionista, el debutante Robert Eggers, quien con el control total sobre lo mostrado en pantalla invita a cuestionar si realmente este es el trabajo de un cineasta que apenas comienza a labrar su camino profesional.

A Eggers no le interesan fruslerías como los jump scares ni dar exposición explícita a los horrores que acontecen, y por otra parte es evidente que posee una pasión desbordada por los temas a los que da tratamiento: brujería y cuestionamientos sobre la religiosidad.

La bruja es una película que se toma todo el tiempo necesario para construir a la familia central y sus contextos, y por ello es altamente probable la proliferación de opiniones que la tilden de lenta y somnífera. Pero que no quede duda, la película no está dirigida a quienes gusten de sustos corrientes; lo que aquí importa son la atmósfera y la esencia malévola irradiada.

Absolutamente todo aspecto de la película es sobresaliente, desde la cinematografía y las actuaciones (ojo con el joven actor Harvey Scrimshaw, quien regala un par de momentos espectaculares –uno de ellos espeluznante- apoyados en posiciones encontradas en torno a los dogmas de fe), hasta la meticulosidad con que están construidos ciertos personajes y las incongruencias que demuestran entre convicciones y acciones.

La bruja es un hito para el horror contemporáneo, prueba inequívoca de que el género puede atravesar por un renacimiento de elegancia, discreción y malevolencia en sintonía con el Roman Polanski más siniestro y subversivo. Y eso, en tiempos del found footage, es prioridad para el mejoramiento del panorama estadounidense.

Calificación: 10/10
La bruja (The Witch)
País: Estados Unidos y Canadá
Año: 2015
Dirección: Robert Eggers
Guion: Robert Eggers
Elenco: Anya Taylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie, Harvey Scrimshaw, Ellie Grainger y Lucas Dawson

Fuente: Garuyo
Fotografía: menteimperfecta.blogspot.com