Bruselas. Suicidas islámicos pertenecientes al grupo extremista Estado Islámico (ISIS) sembraron el terror, el caos y causaron la muerte de al menos 34 personas, tras una serie de ataques consecutivos en el centro de la capital belga, muy cerca del edificio sede de la Unión Europea. Lo que evidenció nuevamente las vulnerabilidades del continente ante los ataques suicidas.

Mediante un comunicado en árabe y francés, ISIS se responsabilizó de los atentados en Bruselas y amenazó a otros países que integran la coalición en su contra. Prometió “días oscuros” para los países aliados en contra del Estado Islámico y amenazó que “lo que viene será peor y más amargo”. El comunicado fue publicado en árabe y francés, y fue traducido al inglés por el Grupo de Inteligencia SITE, que monitorea los sitios yihadíes.

El grupo extremista también difundió imágenes en el que supuestamente aparecen sus combatientes en Siria repartiendo dulces a los niños como celebración por los ataques, según SITE.

Los atacantes de Bruselas hicieron explotar bombas de clavos; dos de ellas en una sala de espera del Aeropuerto Internacional de Bruselas y una más en un tren subterráneo. Los ataques, que cobraron la vida de al menos 34 personas, llevaron a las autoridades a iniciar una intensa búsqueda de al menos un sospechoso, que junto a otros dos hombres, ingresó al aeropuerto, con un equipaje abarrotado de explosivos.

Las autoridades también investigaban a un fabricante de bombas belga, sospechoso de haber viajado a Siria para afiliarse al Estado Islámico y luego regresar a Europa.

La matanza añade a Bruselas a una lista creciente de capitales europeas que han sido golpeadas en el último año por ataques mortales, ya sean perpetrados o inspirados por el Estado Islámico, incluyendo a París y Copenhague.

Pese a que las autoridades se habían preparado durante meses para un posible ataque, esto debido a su lucha para contener la cosecha de extremistas en su territorio y a las amenazas por parte del Estado Islámico sobre penetrar en su núcleo a Europa, cuando el ataque ocurrió la magnitud de éste era impresionante, lo que lo convierte en el peor ataque en suelo belga desde la Segunda Guerra Mundial.

“Siempre fue posible que sucedieran más atentados, pero nunca nos habríamos imaginado algo de esta escala”, admitió el ministro del Interior de Bélgica, Jan Jambon.

Por su parte el primer ministro belga, Charles Michel, dijo que: “Lo que habíamos temido ha ocurrido”.

Las explosiones, aparentemente coordinadas, crearon un renovado sentido de la amenaza que se fue extendiendo mucho más allá de Bruselas, lo que hizo que se reforzara la seguridad en ciudades como París, Londres y Washington.

Los objetivos parecen haber sido elegidos por su valor simbólico y por su facilidad de acceso.

Primero, los atacantes golpearon con un doble atentado el Aeropuerto Internacional de Bruselas; viajantes ensangrentados y mareados se tambalearon afuera del aeropuerto luego de los dos estallidos —de los cuales uno se atribuye a un atacante suicida y otro a una maleta explosiva—, que ocurrieron en medio de las multitudes que documentaban sus vuelos matutinos.

Minutos después, otra explosión sacudió a los viajantes del subterráneo en el centro de Bruselas, cerca de la estación Maelbeek, que está muy cerca de las instalaciones de la Unión Europea.

Las autoridades difundieron una imagen de las cámaras de circuito cerrado, en la que se observa a tres hombres empujando un carrito de equipaje, e informaron que aparentemente dos de ellos fueron atacantes suicidas y que el tercero —vestido con un abrigo de color claro, sombrero negro y anteojos— se encuentra prófugo.

Durante los operativos policiacos posteriores efectuados en diversas partes de Bruselas, las autoridades encontraron un dispositivo explosivo lleno de clavos, productos químicos y una bandera del grupo Estado Islámico en una vivienda en el vecindario de Schaerbeek, indicó la fiscalía en un comunicado.

El grupo Estado Islámico dijo que sus miembros detonaron sus chalecos explosivos tanto en el aeropuerto como en el metro, donde varios pasajeros huyeron a través de los oscuros túneles repletos del humo que dejó la explosión registrada en el tren cuando éste se alejaba del andén.

El arresto del viernes de Salah Abdeslam, un sospechoso clave en los atentados del 13 de noviembre en París, incrementó esos temores, luego de que los investigadores revelaran que se involucraron en la organización de los ataques mucho más personas de lo anticipado y que algunos de ellos aún estaban prófugos.

Bélgica incrementó su alerta terrorista al más alto nivel, cerró el aeropuerto hasta el miércoles y ordenó un cierre en toda la ciudad, además de desplegar unos 500 soldados en las vacías calles de Bruselas para reforzar los puntos de revisión policiacos. Tanto Francia como Bélgica reforzaron su seguridad fronteriza.

Autoridades médicas que atienden a los heridos comentaron que algunas de las víctimas perdieron extremidades, mientras que otras sufrieron quemaduras o cortes profundos a causa de los vidrios rotos o lo que, se presume, eran clavos empacados dentro de los explosivos. Entre los heridos de mayor gravedad se encuentran varios niños.

Un alto funcionario judicial belga dijo que una conexión entre Abdeslam y los atentados es “una pista a seguir”.

Abdeslam le dijo a los investigadores que planeaba “reiniciar algo” desde Bruselas, de acuerdo con el ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica, Didier Reynders. El domingo, las autoridades tomaron con seriedad dichas declaraciones, porque “encontramos muchas armas, armas pesadas en las primeras investigaciones y vimos una nueva red de personas a su alrededor en Bruselas”.

Fuente: El economista

fotografía: prodigy.msn.com