En una de sus cuencas oculares, Rob Spence, director de cine, no tiene un ojo, sino una cámara que graba entre parpadeo y parpadeo. Se trata de un ejemplo real y concreto de lo que la tecnología depara al futuro de los seres humanos: la hibridación tecnológica.

De niño, durante unas vacaciones familiares en Irlanda del Norte, Rob tomó una escopeta del granero de su abuelo, apuntó a un montón de estiércol, y disparó con el arma muy cerca de su ojo derecho. Paulatinamente, ese ojo dejó de ver.
Cuando cumplió 34 años, decidió intervenirse quirúrgicamente para instalar una cámara inalámbrica en la cuenca ocular vacía, tras la extirpación del ojo ciego. Desde entonces, Rob representa un organismo humano híbrido, algo que, según los especialistas, sucederá con la gran mayoría de los seres humanos del futuro.
Se espera que en no mucho más tiempo, los implantes biónicos sean capaces no solo suplir diversas carencias, como la falta de algún miembro, sino también de proporcionar capacidades extra sensoriales, como la de escuchar sonidos por fuera del rango normal, o conectar el cerebro a un ordenador.

Fuente: playgroundmag.net
Fotografía: mx.tuhistory.com