La solemnidad en el Desfile de Día de Muertos duró lo que tardó en pasar la vanguardia.

Un puño en alto formado con cascos, un grupo de perros que participaron en la búsqueda de sobrevivientes -entre ellos la mediática Frida- y decenas de los rescatistas entrelazando sus brazos, tomándose del hombro, fueron el estrujante inicio del desfile.

No fueron recibidos con llanto o lamentos, sino con vítores, con gritos de “¡México!”, “¡Gracias!” muy cercanos al desfogue, a la catarsis pública a 39 días del terremoto.

Fue una forma emotiva de iniciar esta semana que será agitada en conmemoraciones hacia las víctimas del 19-S y también a los muertos de toda una vida.

El desfile transcurrió vital, ágil, fluido, ante cientos de miles de personas que acudieron a esta cita con ese ánimo festivo ante la muerte tan difícil de entender para los extranjeros.

“Esta muerte no da miedo”, dice una chica argentina a la altura de la Glorieta de Colón, ante las evoluciones en mambo y cumbia que los 312 artistas realizan en el desfile alrededor de las efigies creadas desde hace dos años para la película Spectre, origen de este desfile.

La gravedad y solemnidad de las coreografías de las representaciones prehispánicas, los teponaztlis y sonajas dan paso a una estruendosa versión de La Vida es un Carnaval que diera a conocer Celia Cruz, pero interpretada por una rotunda banda de metales.

Detrás, un grupo de baile remató ese momento festivo “¡Ay, no hay que llorar, que la vida es un carnaval…” A la distancia, truenan los cohetones en San Hipólito. La fiesta está completa.

Esa forma tan mexicana de entender la muerte es interpretada por las cinco comparsas a golpe de hip hop, de parkour, de saltimbanquis y de marionetas gigantes que son accionadas a ritmo de mambo.

Las muerte en este desfile tiene cara de luchador, de mariachi, de catrina, de perro, de guerrero azteca, de adelita, de diablo, de enterrador, de rockero y de trajinero.

La muerte tiene formas de cartón, de foamy, de papel picado y por unas horas se transfiguró, porque todos cabemos en la muerte. Y México cabe en todas esas muertes.

fuente: Excelsior
Fotografía: excelsior.com.mx