Deadpool es el gran antihéroe de culto de Marvel, el célebre mercenario que no para de hablar y de hacer chistes, y que con su combinación de ambigüedad moral, sarcasmo y referencias a la cultura pop se ganó una buena cantidad de seguidores a mediados de los 90, la década dominada por lo alternativo, MTV, el grunge y la ironía de la popularización del sentimiento de rebeldía adolescente.

Es este origen del personaje y este espíritu el que sirve como principal inspiración para la película de Deadpool, con la crucial diferencia de que ésta llega enmarcada ahora en una cultura popular en la que los superhéroes y las adaptaciones de cómics son la regla y no la excepción, y su presencia, difusión y discusión se ha amplificado y disparado en múltiples direcciones a través de internet.

El Deadpool que esperábamos

Esta no es la primera aparición de Deadpool en el cine.

El propio Ryan Reynolds interpretó al personaje en X-Men Origins: Wolverine, pero en una versión completamente alterada respecto a su versión de los cómics y criminalmente desaprovechada.

Se podría decir que 20th Century Fox, el estudio que posee los derechos de los X-Men y de todos los personajes asociados a ellos (y también de Fantastic Four pero olvidemos eso por ahora), aprendió la lección.

Después de muchas dudas sobre la realización o no de una película de Deadpool, una filmación de prueba se filtró misteriosamente en la web y la gran repercusión que tuvo fue el primer indicio del potencial que tenía el personaje, si se adaptaba fiel a su esencia.

Así que Fox dio luz verde al proyecto, aún con el riesgo comercial que implica hacer una película “de superhéroes” que no podrás ir a ver con tu hermanito o sobrino.

Ayudó para esto la presencia de Ryan Reynolds a bordo, que tiene el estatus de estrella hollywoodense pero es además un fan de Deadpool y conoce por experiencia propia los códigos y la dinámica que se genera en torno a los personajes de los cómics y sus adaptaciones al cine.

Rasgo que posiblemente compartió con el director Tim Miller y los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick (también dupla de guionistas de Zombieland, película que en su aproximación al género de zombies guarda muchas similitudes con Deadpool y su aproximación al género de superhéroes).

La película de Deadpool cumple exactamente con lo que se propone, que es satisfacer las demandas de esa clase de público que se vio decepcionado (cuando no indignado) por el Deadpool con la boca cosida de la película de Wolverine.

Es decir, el público para el que las películas de superhéroes no son simplemente el nuevo título destacado en la cartelera de cine, sino una parte más de toda una cultura del entretenimiento que no sólo conocen con lujo de detalles y siguen casi obsesivamente, sino de la que además tienen muchas opiniones y cosas para decir.

Un público que está familiarizado con Deadpool y toda la mitología asociada a él y a los X-Men, que sabe que Ryan Reynolds interpretó antes a Green Lantern en una versión pésima y odiada, que X-Men Origins: Wolverine también es horrible y la aparición de Deadpool en ella insultante, que Ryan Reynolds tiene cierta fama de ser nada más que una cara bonita y no tanto un talentoso actor, que Wolverine es un gran personaje y Hugh Jackman un ídolo unánime, que la línea de tiempo de la saga X-Men es algo confusa, que el Profesor Xavier ha sido interpretado por Patrick Stewart y por James McAvoy a la vez, que si no hay ningún X-Men conocido en la película de Deadpool es porque el presupuesto no alcanzaba, etcétera.

Fue éste el principal gancho promocional de la película, el que vimos en todos los adelantos, pósters, tráilers y clips, el que evidencia que Deadpool es una película consciente de sí misma, que sabe quién es el público al que se dirige y que sabe qué es lo que éste quiere.

Una película que llega en el momento justo además, cuando los superhéroes dominan la taquilla y el modelo de los universos cinematográficos, las interminables secuelas y los inevitables reboots parece ser el único posible. Una película que, desde adentro, propone una mirada un poco autocrítica, aunque no demasiado profunda ya que en definitiva son sólo observaciones que sirven como chistes, pero que es importante porque no parece tomarse a sí misma demasiado seriamente.

Ya desde la brillante secuencia de créditos de apertura esto queda evidente.

Una historia de amor

Afortunadamente, sin embargo, Deadpool no es únicamente esto.

Probablemente, la película tenga también su atractivo para cualquiera que no esté familiarizado con Deadpool ni con su mitología ni con su relación con los X-Men ni con los pormenores de las adaptaciones de cómics al cine.

Esencialmente, lo que nos convoca es una historia contada con humor y referencias a la cultura pop, acerca de una tragedia y el triunfo del amor. Es verdad. Eso que acaban de leer no es un chiste. Estamos hablando de Deadpool y del triunfo del amor. Es “una historia de amor” en palabras del propio Deadpool.

La historia es la de Wade Wilson, un tipo que inmediatamente despierta interés y simpatía, no sólo por la interpretación de Ryan Reynolds de un personaje que le calza como anillo al dedo, sino también por su personalidad y su sentido del humor, puestos en evidencia sobre todo gracias a ese sidekick que es Weasel (T. J. Miller), alguien a mitad de camino entre insoportable y agradable, pero siempre divertido de ver.

Es la de un hombre que tiene un trabajo de dudosa moralidad pero cuyos resultados no son del todo cuestionables.

Y finalmente, alguien que se involucra en una relación romántica que explicitamente se propone como una alternativa a esas de ensueños y color de rosa de las películas de Hollywood (no está exenta de las más peculiares prácticas sexuales). Como toda parodia, la relación entre Wade y Vanessa denuncia los clichés del romance en Hollywood al mismo tiempo que termina por caer voluntariamente en ellos. Los clichés funcionan, por eso son clichés.

El romance es entrañable y creíble, porque une a dos personas no del todo corrientes y por eso mismo bastante compatibles, que entre otras cosas comienzan a enamorarse tras intercambiar una serie de falsas y horribles historias relacionadas a su niñez, para ver quién supera al otro en la imaginación de su propia tragedia, compartiendo un retorcido sentido del humor.

Todos los chistes y referencias que rompen la cuarta pared no son un obstáculo para el desarrollo de este argumento sin demasiados sobresaltos pero bastante convincente, cuyo motor es el amor y el diagnóstico de un cáncer terminal, en el que hay lugar para otra clase de momentos humorísticos (ya no basados en romper la cuarta pared sino simplemente en los personajes y la relación entre ellos), sus momentos duros y dramáticos, y las necesarias secuencias de acción violenta y explosiva.

Cabe destacar, por último, la presencia de Ajax (Ed Skrein), un villano muy efectivo y apropiadamente amenazante para alguien prácticamente inmortal como Deadpool.

La secuencia post-créditos tiene todo lo que alguien que se queda 10 minutos más en el cine para verla puede esperar, y una promesa hacia el futuro que no sabemos cuánto tiene de cierto, pero es como mínimo altamente probable.

La película seguramente no será un blockbuster que arrase la taquilla como otras del género, pero es sin dudas una que tiene el potencial para ser muy significativa e importante a la hora de llevar el género a un terreno antes inexplorado, algo que tenían en claro todos los involucrados en su realización.

Fuente: batanga.com

Fotografía: batanga.com