El aumento de peso no viene de la nada, pero hay días en los que crees que sí. Pero, ¿seguro que es eso o, simplemente, se trata de un vientre hinchado? Siempre queremos pensar que es lo segundo, claro, pero para salir de dudas, responde a estas 8 preguntas e identificarás fácilmente cual es el verdadero problema…y encuentra la solución.

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1. ¿Ha cambiado tu estilo de vida?

Empieza por sincerarte contigo misma y evalúa si el aumento de peso es una posibilidad real. ¿Han cambiado tus hábitos de alimentación? ¿Cómo van los niveles de estrés? Incluso si duermes entre una o dos horas menos al día o has empezado a tomar un nuevo medicamento puede influir en tu balance calórico.

2. ¿Cómo te ves por la mañana?

Cuando te despiertes, mirarte en el espejo. No para juzgarte, ni mucho menos, sino para chequear los cambios de tu cuerpo. Porque en ayunas ya no hay alimentos en el estómago y es probable que no te sientas tan hinchada. Así que, si te despiertas y tu estómago ha perdido esas dos tallas que ganaste por la noche, definitivamente algo está pasando en tu intestino.

3. ¿Y cómo te ves después de las comidas?

La hinchazón es habitual mientras comes…y después . Y esos cambios se notan a lo largo del día. Así que, si te notas más inflada de lo habitual pero es una sensación que desaparece cuando pisas el gimnasio, ya sabes que se trata de algo pasajero.

4. ¿Coincide con la regla?

A lo largo del ciclo menstrual los cambios en las hormonas sexuales femeninas son habituales, especialmente en los estrógenos y la progesterona, que pueden provocar una retención de líquidos importante. El mismo líquido que puede extenderse por todo el cuerpo, pero que, especialmente, afecta al estómago.

5. ¿Dónde están esos kilos de más?

Normalmente, cuando se gana peso, es muy raro que solo suceda en un área concreta del cuerpo. Es decir, si engordas, lo notas en el vientre, los muslos, las nalgas, los brazos, la cara…y la lista podría continuar. Vale, a simple vista puede ser más evidente en la zona abdominal, pero piensa que cuando se trata de una simple hinchazón, tan solo los percibes en el vientre. Y ahí tienes una buena pista.

6. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste al baño?

Si hace días que no has ido al baño, te sentirás más pesada hasta que saques de tu cuerpo todos esos residuos. Y sí, puedes notar como se ensancha tu estómago. El síndrome del intestino irritable, el periodo premenstrual, la deshidratación, una insuficiente ingesta de fibra, el estrés, los cambios en el sueño o, incluso, viajar pueden contribuir al estreñimiento.

7. ¿De qué color es el pipi?

Sí, cuando acabes de hacer pipi, observa lo que hay en el inodoro. La orina debe tener un color similar al de la limonada. No tiene que ser muy claro o pálido, pero tampoco tiene que tener un color oscuro como el de un té helado. Si este último caso es es el tuyo, significa que estás deshidratada. ¿Consecuencia? Te notarás más hinchada por el estreñimiento y eso hace que tu cuerpo retenga agua como si fueras un camello.

8. ¿Recientemente has comido con mucha sal o muchos hidratos de carbono?

Ambos pueden hacer que los tejidos del cuerpo retengan líquidos (que sepas que dos vasos de agua equivalen a medio kilo). Y aunque no hay nada malo en la cantidad de los fluidos que contiene el cuerpo de forma natural cuando almacena carbohidratos en forma de glucógeno (la principal fuente de combustible de nuestro cuerpo), si estás acostumbrada a una alimentación baja en carbohidratos, sin duda tu sistema estará reteniendo más líquidos post pasta de los que estás acostumbrada.

Fuente: Women’s Health
Fotografía: prodigy.msn.com