Se supone que en estas fechas todos deberían derrochar sonrisas y alegría, pero no es así. Y es que en Navidad existen dos bandos: uno de ellos es el que organiza los intercambios y se emociona con la idea de las posadas y todas esas cosas; y el otro bando… simplemente odia todo lo anterior. La razón: tuvieron mala suerte con los regalos, visitaron al doctor por una descalabrada provocada por una piñata, y sufrieron más de una vez con las cartas dirigidas a los Reyes y Santa.

Si eres del segundo bando…¡Bienvenido! Hoy recordaremos algunos de los traumas navideños de la infancia. No queremos que sufras más, sino que te desahogues.

1. En el intercambiono te dieron nada
¿Te miran feo en el trabajo cada vez que dices “¡No!” al intercambio? Te entendemos, y sabemos que no es culpa tuya, sino de Juanito; ese niño de la primaria que perdió el papelito con tu nombre y no llevó tu regalo el día del intercambio.

Caso 2: El trauma de tu vida fue llegar a la escuela, y después de dar tu regalo (ese que tanto te costó conseguir y envolver), oir a la maestra diciendo que el niño al que le tocaste ¡No vino!

Caso 3: Le tocaste al Juanito más codo del salón, y mientras tú llevaste algo padrísimo, él te dio sólo una barra de chocolate derretida. No te deseamos mal Juanito, pero ojalá nadie te dé nada esta Navidad (ni en tu cumpleaños, ni el Día del Amor y la Amistad).

2. El globo para Santa / Reyesse atoró
¿Todavía encuentras al señor de los globos y comienzas a llorar? Entonces, fuiste de esos niños que aprendió lo que era una pérdida muy joven, cuando soltaste tu globo con una carta (muy pesada), y luego de unos segundos de emprender su camino hacia la casa de Santa y los Reyes…¡Zaz! Se atoró en los cables de luz.

El odio por esta tradición no es fácil de olvidar, menos cuando tus hermanos (amigos, primos y hasta papás) se rieron de ti y no fueron a comprarte otro globo. ¡ Cuántos más Navidad! ¡Cuántos más!

3. Santa/Reyes no te trajeron lo que pediste
La noche anterior era un martirio. ¿O no? Y es que no era fácil conciliar el sueño mientras -a manera de inventario- uno se iba acordando de las maldades del año (incluía groserías, las veces que nos quedamos con el cambio de un mandado, las reprobadas, mentiras “piadosas”, etc) para saber las posibilidades de recibir regalos.

A pesar de que el año no había sido el mejor, siempre considerábamos que merecíamos TO-DO porque pues…éramos buena onda y con eso bastaba. La tragedia: Santa / los Reyes Magos no lo vieron así y, debajo del árbol (como una mala jugada o lección), dejaban un suéter en lugar de un carro o muñeca que habíamos enlistado.

¿Alguien ya superó eso? ¿Se vale gastarnos la quincena en un montón de juguetes?

4. La piñata se te rompió en la cabeza
“Dale, dale, dale, no pierdas el tino… Ese niño es muy tonto se parece a su papá” Si escuchas esta canción y tiemblas, tu trauma seguramente se debe a lo mal que te sentiste en medio de una posada cuando todos se rieron de ti porque la piñata de barro a la que pretendías golpear, terminó descalabrándote. O cuando te pegaron con el palo que se supone debía darle a la piñata y no a tu cara.

“¡¿Por qué no sólo dan bolsitas llenas de dulces, y ya?!” “¡¿Por qué deben complicar todo?!” Sí, hay más que piensan igual que tú.

5. Descubrir la personalidad de Santa y de los Reyes
Ese día todo perdió sentido: el portarse “bien”, la Navidad, el año, TODO. Desde entonces sólo la fecha de cumpleaños se volvió lo único interesante dentro de los 365 días. Y nuestras esperanzas de recibir juguetes, sin que nada importara (calificaciones, comportamiento, etc), pasaron al Día del Niño.

Fuente: Garuyo

Fotografía: Garuyo.