Anthony Bourdain, el famoso chef americano, fue encontrado sin vida en su habitación de hotel en Francia, donde estaba grabando un episodio para su serie de viajes y gastronomía, Anthony Bourdain: Parts Unknown. Su muerte, confirmada por CNN como un suicidio, sacudió a la industria del entretenimiento y a los fanáticos de la culinaria.

Anthony fue más que un chef de la televisión, fue el responsable de que muchos televidentes cambiaran la forma en la que veían la gastronomía. Él venía de algunas de las cocinas más reconocidas de Nueva York, pero en vez de mostrar lo que todos creíamos que sucedía dentro de un restaurante, nos reveló un mundo lleno de irreverencia, humor ácido y mucha pasión.

La creencia popular era que los chefs eran personas sofisticadas y algo estiradas que cocinaban en ambientes impolutos, pero él le dio un toque de rock and roll y honestidad al asunto. En un artículo publicado en la revista New Yorker, él escribió que «la mayoría de nosotros que vive y trabaja en el mundo culinario somos disfuncionales en algún sentido fundamental». En una cocina conviven personas desquiciadas que dejan a un lado la vida rutinaria a cambio de horas y horas frente al fuego y partes de animales, que usan tantas drogas como mantequilla y que no cambiarían sus vidas por nada del mundo.

Después de casi veinte años en la pequeña pantalla y de abrir los paladares de personas alrededor del mundo, Anthony nos dejó, pero su legado no. Esto es lo que aprendimos de él:

Lo mejor de la vida no tiene por qué ser lo más glamoroso

 

«Ya sabía que la mejor comida del mundo rara vez es la más sofisticada o cara. Sabía que el verdadero secreto de infundirle magia a una mesa — lo más importante — no está en la técnica ni en los ingredientes extraños. El contexto y los recuerdos juegan un papel fundamental en las comidas verdaderamente memorables de la vida», escribió en Viajes de un chef.

Sí, fue a algunos de los mejores restaurantes del mundo, pero también demostró que la buena comida se encuentra en todas partes, así sea un lugar con tres estrellas Michelin o un puesto perdido en la calle. ¿Otra de sus enseñanzas? No tengas miedo a experimentar.

En Kitchen Confidential, uno de sus libros más reconocidos, él explica su filosofía sobre la comida:

«Siempre he creído que la buena comida, comer bien, es todo sobre riesgo. No importa si estás hablando sobre queso Stilton no pasteurizado, ostras crudas o cocinando para socios del crimen organizado, para mí siempre ha sido una aventura».

 

La humanidad ante todo

 

El centro de su programa era la gastronomía, pero esa era solo una parte de lo que lo hacía tan interesante. La comida servía como un disparador para explorar el alma de las ciudades y sus habitantes, conflictos y problemas, pero siempre de manera respetuosa y balanceada.

Él supo utilizar su plataforma para informar y generar conciencia sobre los problemas del mundo, como el episodio de Haití que explora la crisis humanitaria y el fracaso de la comunidad internacional después del terremoto; o el de Beirut, donde tuvieron que quedarse en el hotel porque se desató un conflicto bélico poco después de haber llegado al país. Es difícil tratar esos temas tan delicados, pero él lo supo hacer con equilibrio y poniendo la humanidad de las personas ante todo.

La comida es la puerta de entrada a una nueva cultura

 

Algunos programas de gastronomía son aspiracionales, es decir, muestran a los presentadores en restaurantes lujosos a los que la mayoría de las personas no pueden acceder, pero con los que sueñan. Ese no era el caso de Anthony, él no temía mostrar la parte menos glamorosa de los países a los que viajaba; para él viajar eran una oportunidad para aprender cómo viven los humanos en el otro lado del mundo y ¿qué mejor manera de hacerlo que a través de la comida?

La hora del almuerzo es más que una necesidad, es un ritual que demuestra las tradiciones y valores de toda una cultura. Viajar y conocer sin prejuicios puede ayudarte a cambiar tu mente y eso era precisamente lo que Bourdain buscaba:

«Si soy un defensor de algo, es de moverse. Tan lejos como puedas, tanto como puedas. A través del océano, o simplemente atravesando el río. La medida en la que puedas caminar en los zapatos del otro o al menos comer su comida es una ventaja para todos. Abre tu cabeza, levántate del sofá y muévete».

Nunca pidas la carne bien cocida

En su artículo para el New Yorker, él reveló algunos secretos que la industria gastronómica no quiere que sepas, como que la carne más dura y vieja es reservada para las personas que piden su bistec «bien cocido». La lógica es que si quieres un pedazo de carne que no tenga una gota de jugo, entonces no sabrás diferenciar entre un buen corte y una suela de zapato.

Recuérdalo: si vas a un restaurante, mejor pide la carne a término medio si no quieres quedarte con el peor corte del lugar. Nada ofendía más a Bourdain que una vida sin carne:

«Para mí la vida sin caldo de ternera, grasa de cerdo, salchichas, órganos, la salsa demi-glace, o incluso el queso apestoso no es una vida que valga la pena vivir».

Este último punto, claro, es comedia, pero también sirve para demostrar la irreverencia y el humor rebelde del chef favorito de la televisión. Él ya no está, pero su espíritu queda en los episodios de su fantástico programa y las páginas de sus inspiradores libros.