Son productos y alimentos cotidianos, que consumimos frecuentemente, ignorando sin embargo que pueden estar creando una adicción en nuestro cerebro.

REFRESCOS AZUCARADOS:
El azúcar y el gas hacen de estos refrescos una de las adicciones alimentarias más extendidas en todo el mundo.

PATATAS FRITAS DE BOLSA:
Seguro que ya lo habías sospechado, pues rara es la ocasión en que después de abrir una bolsa de chips somos capaces de guardar algo para otra ocasión y no terminarla en el momento.

PIZZA:
Según un estudio llevado a cabo por la universidad de Michigan, comer pizza provoca una reacción en nuestro cerebro parecida a la que provoca el consumo de estupefacientes.

HAMBURGUESA CON QUESO:
Parecido caso es el de las hamburguesas, cuya ingesta actúa directamente sobre los centros de placer de nuestro cerebro.

CHOCOLATE:
¿A quién no le gusta el chocolate? A pesar de que tiene algunas propiedades beneficiosas cuando se consume con moderación, conviene ser precavidos con su consumo si no queremos desarrollar una adicción.

MUFFINS:
Los muffins no podían faltar en esta lista: su forma, su textura, y que normalmente llevan chocolate son factores que los convierten en potencialmente adictivos.

COOKIES:
Prácticamente lo mismo pasa con las cookies, una delicia con la que es realmente difícil parar una vez se empieza.

BOLLITOS:
Es recomendable evitar en la medida de lo posible cualquier tipo de bollería industrial, sobre todo a edades tempranas.

HELADO:
Lo hemos visto infinidad de veces en las películas: es muy fácil caer en la tentación de agarrar la tarrina y una cuchara grande y no parar hasta que la hayamos acabado.

TARTAS:
Aunque requiere no poca fuerza de voluntad, no debemos tomar más de un pequeño trocito y solo en ocasiones especiales.

BACON:
Su sabor es irresistible pero su altísimo índice de grasas hace totalmente desaconsejable su consumo frecuente.

POLLO FRITO:
Es una comida fácil de preparar o encontrar en cadenas de comida rápida, y es precisamente por ello que debemos ser especialmente fuertes si no queremos acabar comiéndolo todos los días.

PECHUGA DE POLLO:
Aunque ciertamente puede prepararse de manera saludable, no deja de crear un cierto grado de adicción.

CHULETAS:
Como dice el refrán, “una vez al año no hace daño”… ¡pero no más!

PALOMITAS:
Las palomitas de maíz son un vicio en toda regla. No pasa nada si solo las comemos una vez a la semana mientras vemos una película en el cine, pero deberíamos evitar a toda costa tenerlas a mano en casa, puede ser demasiado tentador.

FRUTOS SECOS:
Ya sean pipas de girasol, nueces, cacahuetes, pistachos… parar a tiempo cuando estamos comiendo frutos secos es prácticamente imposible.

QUESO:
Sea cual sea nuestro preferido, el queso es un clásico a la hora del picoteo y muy recurrente para calmar el hambre entre comidas… ¡Cuidado!

HUEVOS:
Reconocemos que los huevos nos han pillado un poco de sorpresa y que es difícil evitarlos… ¡hay demasiadas cosas que llevan huevo!

CEREALES DEL DESAYUNO:
Su altísimo contenido en azúcares refinados hace de los cereales comerciales más comunes una adicción en la que es muy fácil caer.

BARRITAS DE CEREALES:
Lo mismo pasa con las barritas de cereales, siempre que optemos por las versiones industriales en lugar de prepararlas en casa con ingredientes que nosotros mismos hayamos seleccionado.

AZÚCAR MORENO:
Estamos habituados a pensar que es una alternativa recomendable al azúcar blanco, pero lo cierto es que es igualmente adictivo.

GOMINOLAS:
Todos las hemos comido cuando eramos pequeños; seguir haciéndolo en la edad adulta puede significar que estamos ‘enganchados’.

PRETZEL:
Darse un atracón de pretzels es tan fácil como hacerlo de frutos secos, con la diferencia de que este pequeño aperitivo no presenta nada beneficioso para nuestra salud.

CRACKERS:
Exactamente igual pasa con las galletitas saladas, también conocidas como crackers.

AGUA:
Sí, por increíble que parezca también se puede desarrollar una adicción al agua (conocida como “potomanía”).

MAÍZ:
Imposible resistirse a una mazorca de maíz con sal y mantequilla, ¿verdad?

SALMÓN:
Aunque su consumo es muy recomendado por las innumerables propiedades beneficiosas que presenta para la salud, su sabor es tan particular que puede crear una adicción en ciertas personas.

PLÁTANO:
También la fruta puede ser adictiva, y el plátano es una de las que más.

FRESAS:
Las fresas lo son igualmente, mucho más cuando van acompañadas de nata o azúcar.

MANZANA:
Otra de las frutas más adictivas es la manzana.

BRÓCOLI:
Tus hijos no quieren verlo ni en pintura y aún así el brócoli puede llegar a ser una adicción para algunos de sus consumidores.

JUDÍAS VERDES:
Entre los vegetales, las judías verdes pueden llegar a ser uno de los más adictivos.

ZANAHORIAS:
Las zanahorias también han encontrado su puesto en esta lista. No obstante, es justo decir que si vas a hacerte adicto a algo, mejor que sea a las zanahorias…

PEPINO:
Y para terminar, ¡el pepino!

Fuente: Rebañando
Fotografía: prodigy.msn.com